La felicidad en la espera

- 02 de julio de 2018 - 00:00

¿La corteza prefrontal es, quizás, la región que más se ha desarrollado a través de los millones de años de evolución humana. Para entender cómo funciona esta región del cerebro les propongo que piensen: ¿Por qué una marca de helados no produciría una paleta con sabor a menudencia de pollo? Seguramente su respuesta es “¡ag!” o “porque sería asqueroso”. Sin embargo, estoy seguro de que ni ustedes ni los productores de helados han intentado hacer una paleta de menudencia, entonces, ¿cómo pueden saber que el sabor de esa paleta no sería agradable? Es aquí donde entra la corteza prefrontal y nuestra capacidad de anticipación.

Ustedes simplemente simularon el sabor, textura y olor de eso que pretendían probar, y es precisamente esa facultad y capacidad para anticipar la naturaleza de algo lo que nos hace distintos y lo que desarrolla la corteza prefrontal. En alemán la palabra vorfreude significa “predeleite” o “pregoce” y es muy sugestiva precisamente porque aborda lexicalmente una de las funciones de nuestra corteza prefrontal, es decir, la capacidad de anticipar el momento. Y es que, si lo pensamos, la belleza, la estética y el valor de las cosas se encuentran en la espera; pareciera como si el momento antes de conseguir algo es más trascendente que el momento en el cual lo conseguimos. El acto de esperar es casi siempre más trascendente que lo que se espera. El camino hacia conseguir el proyecto que ansiamos puede ser, en sí mismo, más significativo que el hecho de conseguirlo. Ante este hecho, filósofos –como el francés Pascal Bruckner– han concluido que la felicidad se encuentra en el futuro, en algún lugar que solo existe en dimensión, mas no en realidad. Nunca vivimos realmente la felicidad, solo la anticipamos. Y cuando logramos generar el anticipo, la vivimos. Entonces, la felicidad que buscamos con ansiedad en el día a día, quizás, se encuentra en el propio hecho de la búsqueda. (O)

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