Hogares manabitas hallan un refugio en Ambato

- 22 de mayo de 2016 - 00:00
Pese a sus limitaciones económicas y afecciones de salud, los 9 miembros de 3 hogares afectados por el sismo de Manabí trabajan en un comedor cerca del estadio Bellavista, al sur de Ambato, para cubrir sus gastos.
Foto: Roberto Chávez / El Telégrafo

Más de 30 familias llegaron a Tungurahua dos días después del terremoto, en busca de nuevas oportunidades.

El terremoto del pasado 16 de abril marcó la historia de Ecuador. El fuerte sismo dejó 661 muertos, 6.998 edificios destruidos y decenas de desaparecidos. Los mayores daños ocurrieron en Manabí y Esmeraldas, al norte del Litoral, y el epicentro fue en Pedernales, cantón de la primera provincia.

Pese a que aún no existe una cifra oficial de desplazados, miles decidieron salir de sus ciudades natales para buscar mejores días en otras provincias. Es el caso de las familias Crespo-Mantilla, Mantilla-Muñoz y Molina-Muñoz, oriundas de Pedernales. Estas son solo tres de las más de 30 familias que viajaron a diversos puntos de Tungurahua, tras el remezón.

Gracias a la solidaridad de Cristina Mantilla, pariente de los tres hogares y residente en Ambato desde hace 15 años, estas personas residen desde hace un mes en su casa, cerca del estadio Bellavista, al sur. Si bien agradecen la ayuda del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) y la buena voluntad de los ambateños, la abrupta salida de Pedernales les causó graves perjuicios económicos, sicológicos y de salud.

Un nuevo comienzo

Pese a que el movimiento telúrico dejó a las tres familias sin sus viviendas y hoy conviven bajo un mismo techo, el drama en cada hogar es distinto. Todos buscan un nuevo comienzo, y según afirman, en Ambato se les han abierto varias puertas.

Egni Muñoz, de 54 años y madre de los Mantilla-Muñoz, pese a su evidente estado de nerviosismo por las réplicas ocurridas el miércoles, guarda la esperanza de que lleguen días mejores para ella, su  esposo y cuatro hijos.   

El 16 de abril su yerno y nieto, de 4 meses, quedaron bajo los escombros del departamento donde residían. “Nunca he sentido un temblor tan fuerte. Mi casa está en el centro de Pedernales y es de dos pisos; a Dios gracias logramos salir de la vivienda, la cual sufrió daños en el 50%. No así mi joven yerno y nieto, quienes fueron sepultados”, cuenta entre lágrimas y sollozos.

Egni es maestra en una escuela fiscal de Pedernales y de momento no contempla la posibilidad de regresar para el inicio del año lectivo en la Costa. Sus 2 hijos varones, de 28 y 21 años, persiguen una oportunidad laboral en Ambato.

“Hasta ahora no ha habido suerte, pero guardamos la esperanza de que la situación mejore. El solo recuerdo del sismo nos hace llorar y esto se agrava en las personas de mayor edad, como mi madre y abuela, la cual se vino con nosotros y padece de hipertensión”, dice Steven Mantilla, hijo menor de Egni.

El daño sicológico postsismo

Según afirma el joven, la afectación emocional no es exclusiva de su hogar, pues Daisy Muñoz, su prima, también sufre alteraciones nerviosas. “Ella ya estuvo afectada antes del terremoto. Con el sismo su salud empeoró y hoy le han recetado un tratamiento de 6 meses, con medicamentos y terapias”, asegura Steven.

Daisy y sus dos hijos, de 13 y 17 años, también están alojados en la casa de Cristina Mantilla. Pese a su corta edad, los adolescentes también presentan cuadros de nerviosismo. “Una cosa es contarlo y otra vivirlo. Ver las casas del barrio caídas, muertos por doquier y el rumor de un posible tsunami, nos trastornó: no podemos dormir tranquilos”, agrega Daisy.

Un colegio cedió becas

En solidaridad con la difícil situación que enfrenta esta mujer, un colegio particular de Ambato ha otorgado becas de estudio para sus dos chicos. El esposo de su prima menor, quien tras el sismo quedó bajo los escombros, está internado en el Hospital del Instituto de Seguridad Social en Ambato.

Esta es una de las ayudas que las familias han recibido. En esta casa de salud además recibe los cuidados médicos el bebé de cuatro meses. “Gracias a una viga, mi cuñado y mi sobrino no murieron  aplastados, pero sufrieron daños severos: el esposo de mi hermana casi pierde la pierna derecha y su hijito sufrió un trauma craneal”, explica Omar, otro de los desplazados.

Él y sus familiares además agradecen la entrega de alimentos, artículos de aseo y gestiones para salud y educación realizadas por personal del MIES.

Un emprendimiento familiar

Mientras la situación mejora en Manabí, las tres familias han abierto un pequeño restaurante de comida manabita, cerca del hogar de acogida. Aunque existe competencia a su alrededor, el local se abre todos los sábados y domingos. Este emprendimiento les reporta un pequeño ingreso que en parte solventa sus gastos. (I)

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