Guerreras combaten con valor y alegría al cáncer de mama

- 22 de octubre de 2017 - 00:00

Sus historias reflejan que la enfermedad no es el fin de la vida. Mejoraron sus hábitos alimenticios y mantienen controles permanentes.

Comparten la misma afectación y el deseo de vivir cada instante como si fuese el último en sus vidas. Son alegres y espontáneas.

Marina, Marizol y Ana Cristina son parte del grupo de mamás Solca Quito ‘Espejo de emociones’, que reúne a cerca de 60 pacientes con cáncer de seno, la segunda patología de este tipo que más fallecimientos provoca en las mujeres del país.

En ningún momento les pasó por la mente que podrían ser parte de este grupo afectado por el cáncer que mutila una parte esencial de la mujer.

Todas llevan una reconstrucción mamaria que les permite sonreír y desarrollar sus actividades de forma normal. “La actitud incide mucho en la recuperación. La vida es un don que hay que disfrutarlo mientras dure”, recalcan todas.

“Soy un testimonio de que se puede vivir con el cáncer”

Hace 4 años le diagnosticaron la patología que determinó la mastectomía de su seno derecho. Ese mismo día lo reconstruyeron para que no se sintiera una mujer incompleta.

Marizol Salazar, empleada en cnt.

Recordar el día que recibió el diagnóstico de cáncer es revivir uno de los momentos más dolorosos en la vida de Marizol Salazar. La mujer de 41 años no puede contener las lágrimas al evocar ese instante.

“Me leyeron uno a uno los hallazgos encontrados y cuando oí cáncer inmediatamente pensé: me voy a morir y soy tan joven. A partir de ahí cambió mi vida y veo el sol con mayor esplendor y ansias que antes”.

Acudió a Solca a realizarse un examen de rutina. No tenía molestias, salvo el aumento del tamaño del seno derecho, que siempre le llamó la atención porque la diferencia con su otro pecho era notoria; mas no imaginó que podría haber cáncer.

Incluso hubo antecedentes familiares de la patología, pero nunca se le cruzó por la mente que algo así le tocaría a ella.

“Esto es una lotería y yo fui la escogida. Gracias a la enfermedad aprendí a valorar las cosas simples y soy un testimonio de que sí se puede vivir bien con esta enfermedad”.

La mamografía y el eco complementario alertaron al galeno de la posibilidad de un tumor maligno que lo comprobó con una focalización y posteriormente con una biopsia.

Con los resultados en mano, lo primero que hizo fue pedirle el divorcio a su esposo.

“El médico me advirtió que el tratamiento era largo e incluía la mastectomía (extirpación completa de la glándula mamaria). Entonces yo pensé que mi pareja me iba a rechazar al verme sin el seno, pues me sentía diferente”.

Sin embargo, la reacción de su esposo fue diferente y aún impactado por la noticia le dijo:

“No te voy a dejar sola, esta batalla la vamos a pelear juntos. Tú vas a soportar todo lo que venga, -tratamientos, cirugías- y yo seré quien te dé la fuerza para salir de cada batalla. Siempre estaré entre los pasillos esperándote”.

Durante los 4 años que lleva su lucha contra el cáncer, su relación de pareja se fortaleció y los tratamientos hasta hoy no le han dejado secuelas de ningún tipo en su organismo.

“Después de cada intervención salgo más fortalecida, llena de vida para continuar, porque tengo motivos para seguir en esta tierra. Cuando me preguntan cómo estoy, yo les digo que muy bien, pero que el cáncer seguramente mal. Y sonrío”.

Desde su diagnóstico, nunca   dejó de sonreír, tampoco de ingeniar la serie de ocurrencias que desatan carcajadas en ella y en sus compañeras.

Por eso, incluso, en su trabajo muchas veces han pensado que no tiene cáncer. Pero sus hábitos cambiaron, dejó de lado la vida festiva nocturna que llevaba y su alimentación mejoró.

Tiene un único hijo de 17 años, quien al principio no comprendió la magnitud de la enfermedad, solo lloraba inconsolablemente y se preguntaba por qué le tocó a su madre. Después fue él quien alentó a Marizol a cumplir todas las indicaciones médicas.

Su mayor anhelo es ver a su hijo adoptivo convertido en un profesional y que él le brinde la dicha de ser abuela. Siempre le repite la misma frase: “Marquitos, yo no me voy a morir pronto porque tengo que conocer a mis nietos. No puedo irme de este mundo sin lograr ese sueño”. Su cáncer se diagnosticó en período temprano, por lo que la evolución hasta hoy ha sido totalmente favorable.

“Mi pedido a Dios todos los días es que el cáncer pare y desaparezca de mi cuerpo, pero que no se dirija a ninguna otra persona porque esto es algo que no lo puedes desear a nadie”.

El mismo día que le extirparon la glándula mamaria se la reconstruyeron con una parte de su tejido abdominal. Nunca experimentó la sensación de carecer de una parte de su cuerpo y menos llegar a verse así en un espejo.

“Gracias a Dios, todo lo que ha pasado desde la enfermedad me ha fortalecido y puedo decir que vivo muy bien. Lo que sí aconsejo a toda mujer es chequearse continuamente y estar atenta a cualquier cambio, por mínimo que parezca”.

“El cáncer me hizo reflexionar y convertirme en mejor persona”

Llegó con una patología avanzada que necesitaba una mastectomía inmediata. Sus nervios impidieron en primera instancia cumplir con la intervención quirúrgica.

Marina Salazar, jubilada de 66 años

Hace 11 años, la manabita Marina Zambrano dejó su convivencia y retiro espiritual para acceder a un control ginecológico rutinario en la Sociedad de Lucha contra el Cáncer (Solca).

Logró que la cita programada para enero de 2007 se adelantara a octubre de 2006, porque en esa fecha tenía un control de cirugía vascular para verificar el estado de sus várices.

Acudió tranquila, como siempre lo había hecho en este tipo de exámenes, pero cuando el especialista le dijo que hay una sospecha y le envió a realizarse exámenes más profundos, el temor se apoderó de ella.

“Nunca tuve ningún inconveniente ni molestia. Todo estaba bien, o al menos así creí yo, pero la realidad era distinta”.

Llegó a su casa y al contarle a su hijo la posibilidad de padecer de cáncer estalló en llanto angustiada por creer que su vida se extinguía a los 56 años.

Aunque su vástago la alentaba de que nada malo ocurriría, la incertidumbre en su interior estaba latente, y más cuando los resultados demoraron 2 meses.

“La focalización (técnica que localiza el tumor específico para analizarlo) fue muy dolorosa y el eco mamario muy diferente al que habitualmente me lo habían practicado. Los doctores me examinaron y constataron que en el seno izquierdo tenía algo que no había en el otro”.

Enseguida la orden fue “tome un turno con el especialista para que le dé el tratamiento a seguir”, pero Marina, impactada por la noticia, lo único que quería es salir corriendo.

“Me detuvieron y dijeron que no haga eso y que tomara el turno”.

Lo hice y ordenaron una biopsia que confirmó el diagnóstico inicial por lo que la única opción era ir a la mastectomía.

“Estaba desesperada porque al ser madre soltera y mi hijo casado, no tenía a quién recurrir en casa para que me acompañe en esos momentos, pero tuve amigas cristianas que supieron ayudarme”.

La cirugía fue inmediata y apenas ingresó al quirófano se encomendó a Dios, pero los nervios elevaron su presión, por lo que tuvo que regresar a la habitación. Después se tranquilizó, la presión arterial disminuyó y la operación se realizó.

“Yo le dije al doctor: ‘Dios bendiga sus manos’, y él me contestó: ‘Yo no haré nada, todo será obra del Creador’. Estaba segura de que la operación sería perfecta”.

Al ser un cáncer muy agresivo, la cirugía representó una gran pérdida de sangre, por lo que Marina quedó delicada de salud, pero gracias a los cuidados logró reponerse físicamente tras 8 semanas de reposo.

Sin embargo, emocionalmente estaba frágil. Evocar ese instante es volver a vivirlo otra vez, por lo que su voz se quiebra. “Sentí que algo muy íntimo me quitaron, como si fuera mi vida misma”.

Posteriormente recibió 30 radioterapias y cumple fielmente las indicaciones en alimentación y ejercicios para lograr una vida más saludable.

Pasaron varios años antes de que acceda a una cirugía reconstructiva de su pecho, aquello la ayudó a elevar su autoestima.

 “Cada vez que me cambiaba de ropa veía que me faltaba una parte de mí como mujer. Eso a veces me angustiaba, pero a raíz de la reconstrucción sentí que mi vida mejoró”.

Antes del diagnóstico y por ser distante de su familia paterna, nunca indagó antecedentes de la patología entre ellos. “Mucho tiempo después de enterarme que tengo cáncer conocí que la mayoría de familiares de mi padre fallecieron por algún tipo de este mal”.

Hoy no descuida los chequeos anuales, acude con puntualidad y agradece a Dios que tiene una nueva oportunidad para vivir y ser mejor persona.

Incluso hay momentos en que se olvida de lo que padece y disfruta con intensidad cada instante. “Aprendí que aunque te muestren mala cara o te ofendan, tú puedes hacer la diferencia y devolver una sonrisa como respuesta”.

“Siempre tengo un plan B para continuar con mi vida”

Por decisión propia se sometió a una cirugía que destruyó los tumores malignos. Pero luego de 3 años reapareció la enfermedad y requirió la extirpación total del seno.

Ana Cristina Carrera, digitalizadora particular

Una secreción sanguinolenta en el pezón derecho fue la novedad que Ana Cristina Carrera registró previamente a realizarse el chequeo anual. Creyó que era parte de la premenopausia.

Eso no le causaba molestias, pero estaba inquieta porque días antes de su cita ginecológica se produjo el deceso de un familiar por un cáncer.

“Me hicieron los exámenes respectivos y encontraron que tenía un tumor maligno”.

Aquello fue hace una década, cuando ‘Ani Cris’ tenía 49 años. A partir de ahí cambiaron todas sus expectativas.

Ella decidió no recurrir directamente a la extirpación total de la glándula mamaria, sino que prefirió una tumorectomía para extraer todos los tumores malignos de la zona afectada, luego recibió quimio y radioterapia que provocaron la disminución del tamaño del seno lesionado.

Afectada aún más físicamente siguió en la lucha, pero estaba angustiada porque uno de sus hijos apenas comenzaba la formación de tercer nivel académico.

“La vida me cambió por completo y me angustiaba mucho pensar en lo que iba a suceder más adelante, pero estaba dispuesta a seguir. Y aquí estoy”.

Después de 3 años de tratamiento, el cáncer reapareció, por lo que decidieron extirparle totalmente la mama.

En esa época, ‘Ani Cris’ financió su propia mastectomía porque el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) no cubría esa patología.

Pasó casi 4 años sin su seno derecho, pero por los constantes  dolores se sometió a una reconstrucción que fue desfavorable porque el pedazo de piel de su vientre no logró adaptarse a la forma requerida.

“No quería saber nada de hacerme una nueva cirugía, pero el médico insistió en que no podía quedarme así y me sometí a una nueva operación”.

Ahí utilizaron un pedazo de piel y músculo de su espalda y se los colocaron con un expansor (bomba) para que adquiriera la dimensión necesaria y semejante al otro pecho.

Con la medida perfecta se retira el expansor y se coloca una prótesis que aún conserva.

Por considerarse una cirugía reconstructiva estética, el IESS no cubre los costos que esta operación representa.

“Ahí debe darse una modificación porque la atención debe ser totalmente integral”.

Las continuas radioterapias que recibió afectaron su estómago, por lo que constantemente tiene problemas de gastritis, además de hipertensión.

“Por fortuna, la atención que recibimos en Solca es integral para atender todas las repercusiones que genera el cáncer y gracias a Dios podemos hoy contar nuestras historias”.

Su estilo de vida era bastante saludable, sin comidas grasosas, no fumaba y en las reuniones sociales probaba contadas copas de licor. Sin embargo, le jugó la lotería del cáncer. “Según explican los doctores, todos tenemos células cancerígenas que en unos casos se desarrollan y en otros no. A mí me tocó”.

‘Ani Cris’ cuenta que una de las situaciones adversas que vivió luego de su tratamiento fue en el ámbito laboral porque sus compañeros de trabajo nunca entendieron el continuo ausentismo al que debía someterse por alteraciones en su salud.

“Los jefes no eran el inconveniente, sino el entorno de los compañeros porque se molestaban al escuchar que debía ausentarme de forma seguida. No entienden que la enfermedad te obliga a tener una pausa porque, aunque tengas ánimo, decaes”.

Trabajó como secretaria en el Ministerio de Economía y Finanzas; sintió que su desempeño disminuyó considerablemente por lo que decidió renunciar hace 6 años y emprender su propia asesoría desde casa.

“Debería existir una legislación para amparar a los pacientes de enfermedades catastróficas, que son distintas a las habituales”. (I)

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