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El amor y los deseos se reconfiguran en las redes sociales

- 14 de mayo de 2017 - 00:00
Ilustración: Carlos Benavides / EL TELÉGRAFO

Las plataformas tecnológicas son la nueva ‘Celestina’ para encontrar pareja mediante la descarga de aplicaciones.

Hay suficientes razones para creer que las formas de relacionarse y crear vínculos afectivos cambiaron con la aparición de diferentes plataformas tecnológicas. Está claro que el amor romántico prácticamente ha desaparecido, porque las redes modificaron las formas de comunicar y de amar.

Cada vez son más las personas que se conocen a través de aplicaciones web y generan vínculos que, por lo general, son efímeros y superfluos.

Hay quienes aseguran que en la posmodernidad se plantean relaciones sin sentido, una suerte de amor a la carta que, a su vez, es parte de una sociedad de consumo que todo lo quiere en el instante. Es así que estas nuevas herramientas dan lugar a la denominada ‘paradoja de la elección’, un concepto acuñado por la antropóloga y bióloga Helen Fisher.

Su planteamiento e  novedoso: “Cuando los seres humanos vivían en pequeños grupos de caza y recolección no existía la posibilidad de elegir entre 1.000 personas en un lugar de citas”. Hoy, con la proliferación de sitios dedicados a buscar pareja, hay esta posibilidad, pero el mayor problema es que existe una ‘sobrecarga cognitiva’, es decir, los usuarios tienen tantas opciones que, llegado el momento, no siempre toman la decisión más adecuada.

Según un artículo publicado en el diario francés Le Monde, esta sobrecarga marca una nueva forma de conquista mediada por internet, donde páginas como Tinder, Badoo, Happn y OKcupid abren un abanico de posibilidades para establecer contactos afectivos, sin salir de casa.

Para Jaime Andrade, especialista en nuevas tecnologías, el auge que tienen estas redes permite desmitificar la idea de que solo los nerds recurren a internet para encontrar el amor.

Sobre este tema, Match, un sitio para conocer nuevas personas, organizar citas y posiblemente encontrar nuevas parejas, revela que uno de los mitos más extendidos sobre estas páginas es que, por lo general, se piensa que todo es virtual, y no siempre es así. “Hemos visto que la principal aspiración de aquellos que buscan un compromiso serio es el poder verse a los ojos, pero en un encuentro cara a cara”.

Marina Castro, especialista en terapia de parejas, indica que los usuarios, antes de establecer un contacto con una persona en internet, se toman su tiempo para analizar los perfiles y determinar así el grado de  compatibilidad con él o ella.

De este modo surgen nuevos modelos de relación, en especial, por la forma en que las parejas se demuestran afecto o buscan el amor.

Ramiro Sánchez, psicólogo, está convencido de que las nuevas aplicaciones y herramientas de comunicación modificaron la experiencia del romance.

Para Adriana Ortiz Barraza, miembro de la Sociedad Psicoanalítica de México, el amor virtual o de pantalla está satisfaciendo necesidades, supliendo carencias, llenando huecos y espacios, que los protagonistas no alcanzan a encontrar en sus parejas reales.

Según esta especialista, esto ocurre porque las relaciones cara a cara son más complejas; exigen compromiso, mayor tolerancia a la frustración y habilidades para comunicarse.

Una relación virtual no exige nada y no hay responsabilidades, peor aún compromisos.

Es por ello que se convierte en una relación vacía, aunque, de cierta manera, proporciona la ilusión de recibir atención. En la búsqueda de afecto es frecuente encontrar parejas que revisan y responden, cada una por su lado, los mensajes que le llegan a su teléfono.

Ramiro Sánchez indica que, aunque están acompañados, se sienten solos. Simultáneamente entregan una gran cantidad de energía psíquica a la actividad virtual.

Al mismo tiempo, al estar pendientes de los mensajes que llegan por internet, se corre el riesgo de distanciarse de quienes tenemos cerca, lo cual, a largo plazo, los condena a la soledad. En este caso, se habla de un rasgo narcisista que sacrifica la vida real, a cambio de sostener los vínculos en la pantalla, como señala Adriana Ortiz.  
Este tipo de comportamiento es descrito por Sigmund Freud como el jugador compulsivo que está jugando a perder.

Un artículo publicado en la revista Kabbalah advierte que una de las razones por las cuales las personas se ven atraídas hacia sus compañeros virtuales es porque la conexión que establecen con ellos es inmaterial.

Al no estar atados a limitaciones físicas, se abre la posibilidad de pensar cualquier fantasía con las personas que se conectan.

Sin reglas ni tabúes

La antropóloga Helen Fisher explica que la tecnología está cambiando la manera en que  los seres humanos se vinculan por medio de los correos electrónicos, los whatsapps, emojis, el sexting y selfies.

Según ella, eso demuestra que vivimos nuevas reglas y surgen nuevos tabúes. Es entonces cuando cabe preguntarse: ¿ha cambiado el amor a raíz de la aparición de estas plataformas?. Para esta investigadora, las webs de citas no están modificando el amor ni tampoco de quién eliges enamorarte.

Carmen Granda, psicóloga, puntualiza que los conceptos no han cambiado, incluso con la aparición de internet.

De todas maneras, es indudable que la tecnología atraviesa la relación de pies a cabeza, unas veces para bien y otras para mal. Es prácticamente imposible que no impacte en el día a día de quienes están comprometidos, así como de aquellos que buscan pareja.

Hoy, nos guste o no, nadie puede salir bien librado del impacto de la tecnología, incluso en la pareja.

El mundo virtual también desata los celos de la pareja

Los psicólogos lo describen con claridad: los celos son una respuesta natural ante la amenaza que podría suponer la pérdida de una relación interpersonal importante, pero cuando este se vuelve desmedido, puede derivar en la desconfianza, la inseguridad y la necesidad de perseguir al otro (a) por todos los medios posibles.

En este sentido, las redes sociales se convierten en una suerte de tomografía: dejan ver cosas que antes también existían, pero que no eran visibles, como los juegos de seducción, por ejemplo. Según la periodista española Vanessa Gregori, en el mundo de las redes sociales, como Facebook, cada ‘me gusta’, cada seguidor, se podría comparar con los juegos preliminares que existen en toda relación sexual.

“Es como recibir un calentamiento continuo y constante, para que las personas se sigan vendiendo y ofreciendo a través de estas plataformas”, puntualiza la comunicadora.

Gregori añade que hay quienes intentan seducir de manera diferente a aquel que los mira por medio de las redes. “Puede ser un conocido, compañero de trabajo, amigo o incluso alguien que jamás hayan visto”.

Las plataformas virtuales abren nuevas posibilidades

Es evidente que todas las herramientas que tenemos a la mano hayan multiplicado los entornos virtuales para conocer a otras personas o reencontrarse con antiguos amores, pero, hasta el momento, las redes sociales no obligan a nada.

Otro de los aspectos que la tecnología ha puesto sobre el tapete es su influencia sobre la relación de pareja. Si se basa en la confianza, los internautas no  necesitarán revisar el Facebook o el WhatsApp de su compañero (a).

La clave está en la confianza y eso aparece antes que la tecnología. Cuando uno u otro muestra inseguridad, sus actitudes se reflejarán también en el ámbito digital, pero no serán consecuencia de él.

Entonces, lo que hacen estas herramientas es poner en juego los aspectos más frágiles de la personalidad, la inseguridad y la desconfianza, pero siempre vinculadas a la misma persona.

Hace algunos meses, la empresa de seguridad informática McAfee reveló, a través de un estudio, que un cuarto de los estadounidenses consultados confesó haber agarrado el teléfono celular de su pareja para revisar el contenido, incluyendo mensajes y fotografías.

A su vez, de acuerdo con este estudio, una de cada 5 personas dijo iniciar sesión desde el Facebook de su compañero al menos una vez al mes. El 30% admitió acosar al ex de su pareja en las redes sociales. En realidad, son los usuarios de entre 18 y 24 años los que más incurren en ese tipo de acciones.

La publicación El amor en los tiempos de Tinder, la aplicación de citas del momento, de la escritora Paola Bonavitta, advierte que a principios del siglo XX, los bailes, las tertulias, los vínculos familiares eran los espacios donde podíamos conocer y elegir —los más afortunados— a nuestras parejas, o aceptar a regañadientes las imposiciones familiares.

Según Bonavitta, en el transcurso del siglo, los romances se fueron modificando, las pasiones dejaron de ser ocultas y la vida social activa, diurna y nocturna fueron los lugares donde uno podía toparse con la popular ‘media naranja’.

Al transitar a la segunda década del siglo XXI, el amor, el romance y la pasión encontraron nuevos escenarios que tienen que ver con el mundo virtual y la revolución tecnológica.

En un principio, el chat permitía ‘conocer’ personas desde la intimidad del hogar y dependiendo de una computadora que hacía de vínculo entre una y otra persona.
Ambos, a cada lado de la pantalla, gestionaban encuentros reales sin la mediación de esa pantalla que había permitido conocerse. Luego se pasó a Facebook como un sitio virtual desde donde mostrarse, visibilizar el estilo de vida, deseos, pensamientos e imagen.

Como una gran vidriera social, Facebook permitía conocer a los demás y darnos a conocer. También apareció el chat y se diseñaron aplicaciones que se usan directamente desde el celular y que funcionan a modo de ‘delivery sexual-amoroso’.

Según la publicación El amor en los tiempos de Tinder, los sitios para buscar pareja llegaron al mundo para instalarse como espacios propios de una modernidad líquida que usa y abusa del amor líquido, y donde la inmediatez se vuelve urgente y las emociones ocupan segundos planos.

Todas las páginas que propician los encuentros y potencian el romance virtual, están concebidas para el mundo en que vivimos, donde no hay tiempo para el romance, el poema o el diálogo intenso.

“Los ritmos de la globalización y el capitalismo presionan y estas opciones ‘a la carta’ permiten adaptarnos a nuevos vínculos que satisfacen la idea de amor actual”, dice la socióloga y feminista Paola Bonavitta, quien agrega que esto conlleva también otras consecuencias, como el incremento de la desconfianza en las parejas ya consolidadas y el descreimiento en tradiciones ancestrales, como el matrimonio.

Algunas parejas gestionaban encuentros reales sin la mediación de esa pantalla que había permitido conocerse.

Son múltiples las investigaciones que abordan la función que cumplen estas aplicaciones en la vida afectiva. La mayoría se pregunta si estas plataformas están marcando la desaparición del amor y los vínculos amorosos o solo los están reconfigurando y, asimismo, ¿qué clase de vínculos se establece entre estas personas?

En la actualidad, una de las aplicaciones más populares para buscar pareja es Tinder, la cual, mediante un localizador, especifica la distancia geográfica que existe entre los usuarios y tanto hombres como mujeres son presentados con su nombre de Facebook y una serie de fotografías.

Los cibernautas observan y aprueban o desaprueban al otro usuario. Si ocurre lo primero, casi de forma automática, la aplicación los conecta y comienza la acelerada carrera por satisfacer la necesidad de encuentro.

Según la edición electrónica de la BBC de Londres, este sitio registra, cada día, alrededor de 450 millones de aceptaciones y rechazos.

La herramienta muestra una imagen de una potencial pareja (hombre o mujer), con su edad e información que públicamente haya compartido en redes sociales. Por ejemplo, si esa persona tiene amigos en común en Facebook, la aplicación se lo hará saber.

Si al usuario no le agrada el aspecto de la persona sugerida, tiene que deslizar su dedo a la izquierda y no volverá a ver su perfil, pero si le gusta lo que ve, tiene que deslizar el dedo a la derecha, en señal de aprobación. Solo cuando ambas partes aprueban el perfil del otro, Tinder comunica a los 2 usuarios y permite el contacto.

Aunque hay seguidores que  se muestran satisfechos con la herramienta, otros la califican de ‘espeluznante’, porque consideran que se trata de una aplicación que incentiva y facilita tener relaciones sexuales informales.

El cofundador de la aplicación, Sean Rad, de 27 años, asegura que el tamaño de la red Tinder aumenta 15% cada semana, aunque no especifica el total de usuarios que actualmente tiene.

Es decir, toda la información que el usuario (a) ha registrado en Facebook se convierte en un filtro para indicarle quién es la persona más cercana para una posible interacción social.

Es así que la popularidad de Tinder se debe a que se ha convertido en una plataforma para conocer gente, sin la carga o el prejuicio de frecuentar un sitio de citas.

¿Cómo funcionan los sitios?

La clave del sitio Tinder, y realmente de cualquier aplicación para entablar relaciones afectivas, es su algoritmo. Los cibernautas no tienen que llenar una encuesta de 50 preguntas sobre lo que están buscando.

Según la página Hipertextual, las personas únicamente tienen que registrarse y vincular el perfil de Facebook. ¿Pero cuántos integrantes tiene Tinder y en qué proporción se encuentran?, ¿cuántas chicas y chicos hay?

Aunque existan estimaciones sobre el número de usuarios, Tinder mantiene una política muy estricta de no revelar datos de sus números.

Por el momento, solo es posible conocer que ahora mismo esta plataforma se encuentra en 196 países y en 30 idiomas, y que cada día se hacen casi 26 millones de conexiones, lo que suma un total de 11.000 millones desde que surgió en California, en Estados Unidos.

Sin embargo, no hay ninguna estadística que diga cuántos de esos ‘me gusta’ terminan en pareja, cuántos solo buscan sexo o cuántos quedan en nada.
Y aquí es donde se encuentra el verdadero debate de Tinder y de tantas otras aplicaciones.

Algunos lo definen como el lugar perfecto para no encontrar nada serio, el paraíso de la ausencia de criterio y como una forma de evitar el rechazo.

Las múltiples opciones que brinda internet

En la red también está Grindr, una de las más populares en la comunidad gay. Funciona también a través de un localizador que ubica a las personas que tienen instalada la aplicación en su teléfono celular. Eso sí, es obligatorio que el usuario tenga una foto de perfil real y establezca sus gustos, para garantizar el éxito de los emparejamientos.

Al localizar 2 personas cerca, la aplicación enviará una notificación para que chateen dentro de ella. Como señala la psicóloga Marina Castro, hoy cobra fuerza una idea asociada con la esencia que parece vivirse en esta sociedad donde se da más valor a lo fugaz y lo que da satisfacción a una necesidad momentánea.

Según los especialistas, las personas no solo hablan de las relaciones interpersonales, sino también de los vínculos que establecen consigo mismos, o lo que el propio Bauman denomina como “la liquidez del amor propio”.

Con frecuencia, quienes buscan estos sitios no están conscientes de que, para amar de una forma madura a otra persona, hay que empezar por quererse a sí mismo. (I)

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman predice “el fin de la era del compromiso mutuo”, pues la técnica principal de la vida instantánea es la huida, el escurrimiento, la elisión, el rechazo concreto de cualquier relación a largo plazo.

Bauman instala la noción de ‘amor líquido’ que sería la manera de relacionarse en la actualidad. El amor líquido fluye, según asegura el experto, determinado por la pasividad de la tecnología que provee internet. (I)

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