El rostro de El Vado está marcado por los oficios tradicionales

- 25 de septiembre de 2019 - 00:00
Henry Macías mantiene con orgullo el oficio de trabajar en lata. Tiene solo 24 años, pero su padre lleva más de 50 años laborando en el mismo sitio.

Cuando Cuenca nacía como ciudad, El Vado se convirtió en uno de sus ingresos. Comerciantes de Machala, Loja y del resto del sur del país ingresaban por este lugar para comercializar sus productos.

Esa vocación por el comercio se mantuvo por un tiempo, pero con los cambios de la dinámica comercial de la ciudad, el barrio fue cambiando de rostro y de actividades. Sin embargo, sigue siendo un espacio donde los oficios más tradicionales sobreviven.

Sus barberías, talleres de forjado, reparación de sombreros, entre otras actividades, son parte de la esencia de este lugar. Al caminar por ahí se siente que los años no han pasado.

Henry Macías tiene 24 años. Es uno de los herederos del arte de la hojalatería. Su padre lleva más de 50 años elaborando artículos en ese material, como cantimploras, acabados en aluminio y forjados. “Llevamos esto con mucha pasión; mi padre es uno de los que inició esta profesión en este sector y hasta el día de hoy la mantenemos viva y, sobre todo, aportando a las tradiciones”, expresó.

El ruido del tráfico y el esmog son el diario vivir de los oficios que se encuentran en la subida de El Vado, un espacio que se ha convertido en una de las postales que muestra la historia de Cuenca.

En ese lugar, Luz González (86 años) tiene su negocio de trajes típicos para las posadas navideñas. Ella cuenta que es un sector que ha evolucionado, pero asegura que la esencia nunca va a cambiar.

“Nací y crecí en El Vado, recuerdo que hace más de 60 años este lugar era muy diferente, había espacios verdes, campos,  salíamos a jugar con mis hermanos y amigos. Era una niñez muy linda”, expresa. (I)  

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