Suelos de las zonas cero sí son aptos para construir

- 18 de abril de 2018 - 00:00
En la zona cero de Manta, ubicada en la parroquia Tarqui, se realizan trabajos de soterramiento de cables, es visible el alto nivel freático en donde se ubican los cajetines y mangueras.
Fotos: Rodolfo Párraga / El Telégrafo

Tras dos años del terremoto los profesionales esperan los informes sobre los estudios de la superficie de sectores afectados de Manta, Portoviejo y Pedernales. Quienes edifican se concentran en viviendas de una planta.

Transcurridos dos años del terremoto (16 de abril de 2016), técnicos en construcción, en Manabí, aún esperan pronunciamientos de las autoridades locales y nacionales en torno al tema de cómo quedaron los suelos de las zonas cero de Manta y Portoviejo.

Los trabajos de reconstrucción en Tarqui, zona cero, del puerto manabita, dejaron al descubierto que los niveles freáticos están localizados entre uno y tres metros. Esa zona está ubicada a 300 metros de la playa. Las tareas de soterramiento de cables que se desarrollan en el lugar, como parte de los proyectos de reconstrucción, muestran a simple vista la humedad de la tierra. Pero, ¿cómo quedó el suelo en ese sector después del terremoto?

Javier Moreira, un experto en estudios de suelo en Manta, afirma que la superficie de Tarqui es de formación arenosa que data aproximadamente de hace más de mil años.

“Ahí tenemos una especie de gelatina que se mueve rápido en caso de un sismo. La arena que se ha ido acumulando con el paso de los años, a veces no está bien compactada. Como en cualquier parte del mundo, sí se puede construir, pero poniendo atención a la cimentación que es el alma de una edificación”.

El ingeniero calculista, Fabián Moreira Basurto, cuenta que entre las causas por las que los edificios colapsaron con el terremoto en Tarqui estaba que algunos eran muy viejos y fueron sometidos a sobrecargas.

Como el caso de una edificación que fue diseñada como hotel, luego su uso fue adecuado para librería en cuyos pisos fue recargado mucho peso. Eso, a juicio de Moreira Basurto, provocó que al momento del remezón sus cimientos no soportaran y simplemente la estructura colapsó.

El manabita Guido Carranza, ingeniero de profesión y constructor con 36 años de experiencia, cree que la tarea pendiente de los municipios de Manta y Portoviejo es entregar los resultados de los estudios de suelos de las zonas cero de cada ciudad.

Hay que hacer un análisis profundo del suelo y subsuelo en Manta y Portoviejo para saber cómo están esos sectores después del movimiento telúrico.

Para Carranza, una alternativa de regulación del uso de los suelos en ambas zonas cero, sería la creación de un reglamento. El constructor afirma que tanto en Portoviejo como Manta se podría pensar en una ordenanza que solo permita edificaciones de entre uno y tres pisos.

“Quienes deseen proyectar de cuatro pisos en adelante, lo pueden hacer, pero siguiendo las normas mundiales, es decir utilizando, por ejemplo, la técnica de pilotes, que es muy costosa, encarece la obra, pero da seguridad ante los sismos”.

El constructor de Manta, Gonzalo Escobar, afirma que los suelos arenosos y gelatinosos son más proclives a la licuefacción (cuando pierden firmeza), ese es el caso de Tarqui.

Ahí se puede construir, pero con altos costos para dar seguridad a las futuras edificaciones.

En la actualidad se desarrolla entre Manta, Montecristi y Jaramijó el proyecto vial denominado “Manta-Colisa”. Ahí se construyen ocho pasos elevados.

Antes de ubicar las bases para las columnas y vigas de esas estructuras, primero se realiza el hincado de pilotes. Hay tramos donde los pilotes llegan hasta los 20 y 25 metros de profundidad.

Esa técnica fue utilizada en el paso a desnivel que une las parroquias Manta y Tarqui, ello permitió que ese viaducto soporte el terremoto de hace dos años.

Reconstrucción en Manabí tras el terremotoEl hincado de pilotes se hace en un tramo de la vía Manta-Colisa, como base para un viaducto.

Para alivianar los pasos a desnivel, los constructores ubican vigas de metal para lo que será la calzada. La idea, no cargar de peso con el concreto, ese material es muy pesado en este tipo de construcciones.

Entre las recomendaciones que Javier Moreira pone en escena, destaca que cuando se construya en la zona cero de Manta se debería utilizar estructura rígida en la cimentación, tipo búnker y con hormigón para que soporte los movimientos telúricos.

Los costos de la cimentación sin duda encarecen un proyecto. Hincar un pilote según sondeos realizados a técnicos de las compañías que trabajan en Manta después del terremoto, es oneroso.

Cada pilote empotrado tendría aproximadamente un costo de $ 1.300. Quienes construyen en la zona cero de Manta han optado por edificar solo casas de una planta.

Junior Ponce junto con sus hermanos Juan y Marcelo optaron por construir una villa para su madre. La casa está ubicada en el barrio Seis de Diciembre de Tarqui.  

“Solo hicimos un muro de metro y medio de profundidad, una plancha de concreto y desde ahí estructura metálica para las paredes y cubierta. Queríamos alzar una edificación de 3 pisos, pero los técnicos dijeron que teníamos que hincar pilotes pues en la zona el nivel freático del agua está a tres metros”.

La casa de esta familia se cayó el mismo 16 de abril, antes su madre vivió donde un familiar por dos años.

La construcción la levantaron con recursos propios y préstamos, ninguna institución los ayudó a pesar de estar en la zona cero. En Pedernales se construye sobre la playa con cambio de suelos y plintos profundos. (I)

Reconstrucción en Manabí tras el terremotoSobre la playa de Pedernales los maestros constructores colocan concreto para los cimientos.

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