La comunidad se abastece del líquido a través de 3 pozos

La falta de agua, un problema constante en la localidad biodiversa de La Solita

- 20 de febrero de 2016 - 00:00
El verde que envuelve a La Solita enamora a quienes llegan al lugar. La comunidad está preocupada porque el agua escasea.
Foto: Rodolfo Párraga / El Telégrafo

En este punto de Montecristi hay varias especies de pájaros. En sus montañas y zonas verdes habitan monos aulladores. Hace una semana fueron hallados 10 primates muertos, tema que investiga el MAE.

En medio de un entorno verde, de montañas y el olor purificado del campo, el canto de los pájaros enamora literalmente a quienes llegan a conocer La Solita, sitio de la zona rural de Montecristi.

En el camino polvoriento transita presuroso Víctor Eduarte. Se dirige a una parte del río a refrescarse. Disfruta de sus días libres. Pronto se embarcará para seguir con las faenas de pesca a varias millas de la costa.

Sin detenerse resume que son pocas las personas de la zona que se dedican a la agricultura. “La gente  no siembra porque está muy seco aquí”, alega el hombre.

En el mismo trayecto, al lado de un pozo de agua reforzado por una estructura de cemento, Rolando Chávez, de melena larga y contextura delgada, se alista luego de bañarse. Él es uno de esos agricultores que cada temporada  se arriesga a sembrar, pese a las adversidades por la falta de agua.

Sin vacilaciones conversa de cómo es esa jurisdicción de Montecristi. “Aquí, en invierno sembramos  maíz, zapallo y otros”, cuenta. Los que labran la tierra, al tener la suerte de sacar sus cosechas las llevan a sus casas, para el consumo. La producción se queda en la localidad, no alcanza para más.

Rolando muestra el pozo donde a diario retira parte de agua para llevar a su casa. Indica con su mano que son 3 los pozos que hay en el lugar y que se sirven las pocas familias que aún permanecen en La Solita. “No tenemos agua. El río está seco. Nos quedan los pocitos y cuando ya no hay líquido en ellos debemos esperar hasta que se llenen”, asegura, al tiempo que su mirada da un giro rápido a la zona rodeada árboles y montañas.

En su relato, el hombre de cabellera larga recogida con un moño revela que la comunidad no tiene recursos para comprar agua de tanquero. “La bendición del Todopoderoso hace que sigan los 3 pozos, cuya agua es apta para el consumo humano. De aquí tomamos cuando no tenemos para comprar los bidones”.

Al lado de estos pozos se observan bebedores hechos de cemento, donde los comuneros llevan a sus vacas a tomar el líquido. Cada res  necesita beber al menos 3 litros de agua para la producción de la leche.  “Quienes tienen este tipo de ganado, que son pocos, deben sacar agua con tiempo, porque no les abastece. Lo que pasa es que el ganado toma bastante agua”, refiere.

Hay personas que del sitio San Pedro Seis, tras caminar media hora hasta llegar a La Solita, también extraen el recurso hídrico. “Cuando no hay, les toca esperar y muchas veces se van sin carga”, acota.

Chávez, quien es el vicepresidente de la comuna, asegura que muchas personas han emigrado en busca de mejores días. “Casi la mitad de las familias se han ido. Entre más tiempo pasa, hay menos gente porque no hay agua”, asegura.

En su mayoría, según el dirigente, se han ido a Manta, aunque también hay quienes incluso están en el extranjero. “Hay más vecinos que se fueron a Venezuela que a España, donde también migraron. Sin embargo, hay algunos que se están regresando a Montecristi. Yo nunca me fui, he estado en esta, mi tierra”, explica Chávez.

De La Solita se han ido unas 50 familias. “Aquí quedamos unas 300 personas”, asevera.

Carlos Delgado es una de las personas que vivió en Venezuela, pero que ahora goza de su gente en Montecristi. Él es uno de los habitantes que a diario se acerca a los pozos. “Llevo agua para la casa, donde somos 5 personas, además para la vaca que tenemos”, manifiesta.

Tomando la vía principal que conduce a la ruta del Spondylus, en una casa se observa humo encima del techo. Es la humareda proveniente del horno de leña de Aura Franco.

En La Solita no se ha perdido la tradición de cocinar sobre leña, ya que las mujeres de la comunidad aseguran que así la comida tiene un mejor sabor. Aura comenta que alterna su uso con cocina a gas. “Aquí en el fogón asamos los plátanos y pescado, todo queda muy delicioso”.

Montado en su burro, Fernando Chávez lleva 2 tachos llenos de agua, que son para una vecina. Él asegura que vivir en este sitio de Montecristi es un privilegio, porque “se respira aire purificado por los centenares de árboles que les rodean. Además están cerca del bosque protector de Pacoche”.

En esta parte de la zona rural de Montecristi, los animales toman agua en los bebederos que hay al lado de los pozos. Foto: Rodolfo Párraga / El Telégrafo

Turistas llegan a observar monos

Pese a la escasez de agua y de productos del agro, La Solita tiene un atractivo natural para los turistas, sobre todo de los extranjeros. Son los monos aulladores, asimismo las distintas especies de pájaros, las guantas, venado y guacharacas que se encuentran en el bosque.

Los visitantes ingresan por la ruta del Spondylus, a través de una vía lastrada de subidas y bajadas. Luego de 10 minutos están en el lugar. “Las personas que vienen se quedan admiradas de las especies que observan”, señala Rolando, quien no esconde la preocupación que ahora hay en la comunidad, debido a la muerte de  10 monos aulladores.

La investigación es realizada por personal de la Dirección Provincial del Ambiente de Manabí (MAE). La entidad llevó a cabo inspecciones en el sitio. Encontraron 9 primates en estado de descomposición y uno vivo, pero débil, que fue trasladado  al Parque Nacional Machalilla, en el cantón Puerto López. Pero pese a los esfuerzos realizados para salvar la vida del animal, no logró sobrevivir.

El veterinario realizó la necropsia y se pudo evidenciar lesiones hemorrágicas en el sistema digestivo, por lo cual se ha tomado muestras biológicas, con el fin de analizar histopatológicos y determinar la causa de la muerte. Los resultados estarán listos en los próximos días. “Estos monos antes estaban por aquí, donde nosotros vivimos, luego se corrieron un poco más arriba. Se han encontrado caracoles, que antes no había. Creemos que los monos han comido eso y se intoxicaron”, indica Rolando, quien espera conocer pronto los resultados.

En esta comunidad, además de haber gente que se ha dedicado a la  agricultura, a potenciar el turismo, a la pesca (que también existe un pequeño porcentaje dedicado a las faenas), se encuentran personas que conserva el saber ancestral de tejer sombreros de paja.

Rolando comenta que él también sabe tejer, pero ya no lo hace porque el pago por un producto de estos no es bueno. Solo quieren cancelar $ 15 por los gruesos y muy poco por los finos. La materia prima, que es la paja toquilla, se encuentra en los alrededores del río de La Solita. Sus habitantes la tratan y una vez que está lista la expenden. (I)

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