Fabricación de cohetes con restricciones

17 de diciembre de 2013 - 00:00

La preocupación está latente. Si bien se han acogido a la ordenanza municipal que prohíbe la venta y fabricación de juegos pirotécnicos en lugares cercanos a zonas habitadas, parte de los comerciantes de estos productos sienten que se los ha perjudicado. Con estas regulaciones, según dicen, sus ingresos han disminuido notoriamente.

Ángela Paredes, por ejemplo, trabaja en este oficio desde hace más de 50 años y dice que la norma le afecta. Está de acuerdo con que se debe regular la venta de estos artefactos por la seguridad de niños y personas que podrían ser  víctimas del mal uso.

Empero cree que la solución no está en prohibir, sino más bien en buscar alternativas que contribuyan a quienes se dedican a este oficio.  

Comentó que hace cinco años, en su casa ubicada en las calles Miguel de Cervantes y Calderón de la Barca, elaboraba vacas locas, castillos, diablillos, palomitas, globos y otros productos, que servían para festejar en el barrio y parroquias.

El comercio de estos le generaba ingresos de alrededor de $2.000 dólares. En la actualidad, manifiesta, tan solo trabaja por pedidos que le hacen de otras ciudades como Machala y Loja. “Antes se vendía bien. Nosotros en esta cuadra trabajábamos entre unos cinco familiares y vendíamos varios de estos juegos pirotécnicos no solo por Navidad sino también por las fiestas de Cuenca, pero hoy en día  casi no lo hacemos  porque está prohibido”, dijo.

Desde que se implementaron las prohibiciones de parte de las autoridades de la ciudad, todos los familiares de Paredes tuvieron que trasladar sus negocios a otros lugares del cantón para poder fabricar estos productos.      

Ellos tienen los permisos, pero es poco lo que dejan para la venta en la capital azuaya. En su mayoría, los llevan a otras provincias para distintos eventos festivos. “Tengo primos y tíos que se trasladaron para elaborar los castillos y las vacas locas a Turi. Otros fueron a Chordeleg y a la parroquia de Cumbe porque aquí nos prohibieron. Yo ahora trabajo por el sector de la autopista, pero ya solamente bajo pedido. Eso ha disminuido demasiado la platita que antes ganaba”, sostiene.

Asegura que se han dado injusticias con ellos, pues hoy en día se expenden juegos pirotécnicos de procedencia peruana y china en el centro de la ciudad y esos son los que causan los accidentes. “A nosotros nos echan la culpa por todo, no niego que antes si vendíamos diablillos y esas cosas, pero no saben que después solo empezamos a fabricar castillos y vacas locas que deben ser utilizados por personas que saben”.

Ahora los fabricantes de estos productos pretenden integrarse a la Asociación de Artesanos del Azuay para buscar soluciones y regularizar su trabajo.

Mauricio Tenempaguay, quien junto a su esposa se dedica a este oficio y tuvo que irse a elaborar estos artefactos en el sector de Turi, dijo que se encuentran en conversaciones con autoridades de la ciudad para volver a trabajar sin resistencia, pero con los permisos del caso.

Peligro para artesanos y sus vecinos

El gobernador del Azuay, Humberto Cordero, aseguró que se han tomado decisiones para el control y el decomiso de petardos.

Existen verdaderos peligros, explicó, para las personas que elaboran estos juegos y también para el vecindario. “No estamos en contra del trabajo, sino  previniendo  lo que puede pasar”, dijo.

Expresó que se han encontrado muchos elementos de fácil contaminación en las viviendas de los artesanos. El intendente Jorge Cabrera indicó que hay personas reincidentes en la elaboración de estos juegos a pesar de haber sido sancionadas.

Anunció que se mantendrán los controles para evitar accidentes, sobre todo por la utilización de pólvora, que es lo que ha provocado que personas hayan perdido parte de sus extremidades al elaborar castillos.

DATOS

Carlos González, jefe de control de armas del Azuay, comentó que durante estos días se realizarán distintos operativos para controlar la venta y fabricación de juegos pirotécnicos.

Durante este año se han incautado cerca de 200 unidades de estos productos, que son procedentes de Perú y que no cuentan con los permisos respectivos que otorga el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Ecuador.

En la ciudad existirían al menos 36 de estos locales que laboran de manera clandestina y 120 en el cantón Cuenca, según las autoridades.

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