Las exequias indígenas, entre el misticismo andino y el cristianismo

- 28 de mayo de 2018 - 00:00
El encendido de velas también forma parte de las exequias en comunidades indígenas, ritual que demuestra respeto por el elemento natural fuego y a la vez representa las oraciones cristianas que los deudos levantan durante la misa.
Foto: Roberto Chávez / El Telégrafo

Al menos 5 inquietantes ritos se cumplen en etnias de la Sierra durante las honras fúnebres. Tales como la sacudida del féretro, a fin de liberar el espíritu del fallecido de malas vibras, sin dejar de lado las misas y reflexiones bíblicas.

Un desgarrador y lacerante lloriqueo proveniente de una humilde choza se mezcla con el potente silbido del viento, en lo alto de una montaña.

Al interior de la modesta vivienda los desconsolados gimoteos de varias mujeres, quienes abarrotan el pequeño espacio, anteceden a un ritual totalmente desconocido para la población urbana.

La ventisca andina golpea con fuerza la casa y a quienes esperan en la parte externa la salida del grupo femenino. Ellos también lloran y mientras los lamentos suben de tono, sostienen en sus manos ramos de flores multicolores.

De inmediato seis hombres adultos, ataviados con la vestimenta tradicional de su etnia, ingresan a la choza y el ambiente de doloroso bullicio se silencia con tal precisión que parece haber sido cortado con una espada afilada.

En menos de un minuto ejecutan una acción que para ninguno de los presentes es desconocido, excepto para dos estadounidenses, 3 españoles y dos periodistas.

Esta inquietante y folclórica escena tuvo lugar en Chibuleo San Francisco, comunidad rural al sur de Ambato, hace unos meses. El panorama descrito forma parte de las exequias que en esta nacionalidad indígena se realizan cuando alguien fallece.

Como en cualquier parte del mundo, allí las honras post mortem de una persona incluyen velación del cuerpo por varios días y el sepelio en un panteón cercano. Pero además se hacen ritos que mezclan creencias del misticismo andino y costumbres cristianas, a fin de asegurar el eterno descanso.

A continuación se describen algunas de estas curiosas ceremonias, las cuales, con ciertas variaciones, se replican en la mayoría de etnias indígenas de la Sierra centro, empero no se repiten ni en el centro de Ambato ni de ninguna otra capital provincial.

Anuncio del duelo
El primero de los ritos que se realiza en las comunidades indígenas es el anuncio de la temporada de duelo. Paco Cunalata, diácono católico de San Francisco, quien ha vivido allí 3 décadas, explica cómo inicia este proceso.

“Primero, la familia del finado da a conocer lo ocurrido a parientes, vecinos y amigos. Luego una persona va de casa en casa dando la mala noticia y advirtiendo luto de dos semanas”.

Luego los allegados van a la casa del difunto, donde se levanta la capilla ardiente y se organiza la misa, en el caso de que la familia sea católica, o cultos en caso de profesar la fe cristiana evangélica.

“En cualquiera de estos dos casos la figura de la cruz siempre está presente en el velatorio, como muestra de la esperanza que los deudos tienen de ver algún día a su ser querido en el seno del Señor”, añadió Cunalata.

Atuendos tradicionales
Los amigos del fallecido acuden ataviados con el traje característico de la zona. En caso de Chibuleo: pantalón y camisa blanca, poncho rojo, zapatos de charol negros y sombrero blanco para los hombres. Las mujeres llevan blusa blanca y anacos negros, faja multicolor y joyas de coral rojas, ninguna prenda de vestir oscura.

“A diferencia de los mestizos, ellos creen que la tristeza no debe expresarse externamente sino en el corazón, de tal forma que ninguna ropa negra entristezca aún más a los familiares”, afirmó Lilibeth Suárez, antropóloga. Por su parte, los niños llevan ramos de flores.

Ritual de purificación
De seguido un familiar cercano realiza el lavado de los restos mortales con esencias de flores del lugar, entre ellas rosas, claveles y margaritas.

“Cuando la muerte es trágica, la autopsia reemplaza a este proceso. Si el deceso es provocado por causas naturales, se debe lavar el cuerpo con agua de manzanilla y romero para evitar que sentimientos negativos atormenten al difunto en la otra vida”, dijo Luis Amaguaña, anciano de la comunidad. Luego se viste al finado con sus mejores galas, es decir el calzado, sombrero, pantalón, camisa y más prendas preferidas.

El siguiente ritual es muy inquietante y llamativo. Las mujeres del pueblo, ancianas y jóvenes, al parecer caen en un trance depresivo momentáneo en el cual honran al fallecido con lamentos, gritos y cantos en un idioma inentendible para los presentes.

“Seguramente ellas guardan en el subconsciente la lengua que dominó la región antes de la llegada de los incas, es decir el runa shumy. Se ha comprobado que estas manifestaciones, similares a las epifanías cristianas e hindúes, se exteriorizan en ocasiones de extremo dolor o emoción”, agregó la antropóloga Lilibeth Suárez.

Sacudida del ataúd
De acuerdo a la cosmovisión andina, pese a que el espíritu del fallecido ha vuelto a la Pachamama al instante mismo de la muerte, el cuerpo está cargado de un diverso conjunto de energías.

“Tanto positivas como negativas. A fin de ahuyentar estas últimas de la vivienda, y atraer las buenas, el ataúd debe ser sacudido por los 6 hombres que en vida estuvieron más cerca del finado. Para ello el féretro debe tener dos gruesas barras de metal soldadas a cada uno de sus costados”, dijo Luis Manobanda, dirigente indígena.

Este ritual es el que se describe al inicio del presente relato, el cual marca el traslado hacia el cementerio. Una vez allí, el proceso de sepultura no varía de los que se hacen en el área urbana. (I)

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: