Quince jóvenes renuncian al catolicismo por casos de pederastia

- 18 de abril de 2019 - 00:00
Integrantes del colectivo Abusos de Fe pintan carteles en torno al caso de presunta pederastia del exsacerdote César Cordero, antes de presentar su renuncia a la Iglesia católica.

El acto de apostasía se dio en Cuenca. Los activistas rechazan el papel de la iglesia tras las denuncias en contra del ahora exsacerdote César Cordero, acusado de abusar sexualmente de seis niños hace 50 años.

En un acto impulsado por su rechazo a la Iglesia católica por la actuación en los casos de pederastia, 15 jóvenes solicitaron anular su fe de bautismo y le dieron un adiós y hasta nunca a la religión.

La “Cami” nunca había visto su documento de bautismo, pero ayer, Miércoles Santo,  conoció el papel y su razón no fue religiosa sino el requisito para su apostasía.

Con ello avaló que su fe no es el catolicismo.

Tal como Camila Maldonado, 15 personas, nacidas y criadas bajo los preceptos del catolicismo, acudieron a la Curia Diocesana para renunciar a la iglesia y dejar en claro que no desean seguir perteneciendo a una institución que para ellos tiene más pecados que milagros.

Una razón en común los mueve: su rechazo a la forma  como el clero trató los casos de abuso sexual de César Cordero. Este mes se cumple un año desde que se conocieron las denuncias y aún no hay una respuesta de la justicia. El cuencano fue separado de la Iglesia y permanece recluido en una habitación de un hospital que él edificó.

Maldonado fue al plantón acompañada de Carolina Mora, su amiga, una activista convencida hace mucho de que la Iglesia católica no la representa.

Mora no recuerda ni a sus padrinos de bautizo. Estudió en un colegio religioso y cumplió con los sacramentos “solo para que las monjas no jodan”, solo para encajar en una sociedad que le exigía ser pura y santa.

Los apóstatas se concentraron en la glorieta del Parque Calderón, con bufandas de color naranja que identifican la lucha contra los abusos sexuales en contra de los menores de edad y pintaron carteles contra el caso de César Cordero.

Las dos amigas, que esperaban sentadas en una esquina de la glorieta, recordaron que en su colegio religioso escucharon sobre abusos sexuales que se guardaron bajo la alfombra.

También de acosadores que desaparecieron de las aulas por unos años y regresaron “como si nada”, del amor poco cristiano de los curas, de los “cuídate” del padrecito”. Tras una hora de plantón los apóstatas caminaron hacia la Curia.

Allí “obtuvieron la fe de bautismo”, por dos módicos dólares, que es el requisito indispensable para la apostasía, así como un formulario que se entrega mediante redes sociales, a través de las cuentas del colectivo Abusos de Fe. Sacaron copias de sus cédulas, aunque nadie les exigió el documento y con la carpeta completa se anunciaron en la recepción, subieron los escalones de madera y recorrieron los pasillos repletos de imágenes de vírgenes, ángeles, santos y cristos. 

El vicario de la Arquidiócesis, Bolívar Piedra, los recibió después de unos cuantos minutos de miradas extrañas de los funcionarios y de una ansiosa espera. 

El sacerdote, breve y amable, recibió los documentos y dio paso al trámite sin dar un sermón de por medio, sin un llamado al arrepentimiento, con un apretón de manos y apenas una sonrisa en su rostro.

Desde el muro, los retratos de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II parecían contemplar lo que sucedía con similar gesto.

Maldonado, Mora y los 15 apóstatas deben esperar 15 días para su nueva confirmación, una diferente a la que la mayoría hizo en su adolescencia, sin velas, sin bendiciones ni padrinos. Serán libres.  

Si bien es Semana Santa, para ellos esta fecha representa otro viacrucis: el que vivieron Jorge Palacios y cinco de sus compañeros de escuela en manos de un sacerdote que abusó de ellos sin ninguna contemplación y durante una década.

Sus casos quedaron en el fondo de un archivador.

A Maldonado le preocupa lo que dirán sus padres cuando lean esta nota.

En cambio Mora le saca una sonrisa irreverente al que dirá la sociedad morlaca bañada de catolicismo, la Cuenca de “sabios y santos varones” desafiada por un grupo de jóvenes que se despojan de los crucifijos, que muestran su desacuerdo con una iglesia que nunca más será la suya.

Desde la semana anterior, en conmemoración al primer año de la denuncia pública de Jorge Palacios, un exalumno de Cordero, sobre los presuntos abusos sexuales en su contra, colectivos ciudadanos se han pronunciado contra el papel de la Iglesia católica en la investigación.

De acuerdo a Palacios, él entregó su denuncia en 2008 al entonces arzobispo de Cuenca, Luis Cabrera, pero nunca hubo un proceso de investigación más allá de una reunión y un pedido para que Jorge “perdone” a quienes le habían hecho daño.

Como Jorge, seis personas se sumaron a las denuncias que desde hace un año reposan en la Fiscalía Provincial del Azuay, institución que comunicó que el proceso es reservado y se encuentra en etapa de indagación previa.

El vicario de la Arquidiócesis recordó que la Curia solicitó a la Comunidad de la Doctrina de la Fe en El Vaticano que investigue el caso de Cordero, quien fue expulsado tras determinarse que hay “verosimilitud” en las denuncias en su contra. (I)

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