Carnaval intercultural se vive en el centro del país

09 de febrero de 2013 - 00:00

“A la voz del carnaval todo el mundo se levanta” es el estribillo con el que empiezan  las tradicionales coplas carnavaleras que se escuchan en esta época en el centro del país.

La copla es una forma  de expresión artística y de participación en  reuniones sociales, señala el historiador Carlos Ortiz. La existencia de estos versos populares se remonta  a la colonización española.  Pero la tradición se fue  enriqueciendo  con el aporte  indígena.   
Y junto con las coplas, otro de los detalles que le dan una característica única a los carnavales de la Sierra son sus personajes.

En estas fechas siempre está presente el Taita,  que dirige y participa en los actos. Pero en San Miguel de Bolívar se ha cambiado a este personaje  por el Kauka, esto debido al apodo que tienen los sanmigueleños:  “kaukamote” (mote con cáscara).        

Washington Mora, Kauka 2013, señala que la tradición se remonta a 20 años atrás y la persona designada tiene la obligación de ir cultivando esta y otras prácticas entre los jóvenes. “Es un compromiso que se adquiere con quien lo nominó y con toda la gente para que nuestras costumbres no se pierdan”, dijo Mora.

El Kauka Carnaval presidirá la fiesta con un característico atuendo compuesto por sombrero, poncho, bufanda y  bombo.                

La mujer también tiene su espacio en las fiestas en  Chimborazo, con la presencia de la Mama Shalva, compañera del Taita, quien viste de anaco, fachalina y lleva en su espalda  al “niño”. También porta el  infaltable kukayu o fiambre compuesto por mote, papas, cuyes, habas tiernas e incluso  chicha.

Más al sur, en el cantón chimboracense de Colta, surge la figura de la Warmi Tukuska -un hombre vestido de mujer-. Su traje tiene colores llamativos, arreglos  exagerados. Así se construye al personaje  encargado de invitar a  la fiesta a quienes están en plazas, parques y aceras. “Este personaje nació porque la mujer indígena es muy tímida y solo cuando un hombre aparece vestido de mujer vence esa timidez y empieza a participar”, mencionó  Daniel Pazmiño, escritor e investigador.

En Guamote, el personaje central del carnaval es el Rey,  quien  con capa, corona y cetro es el dueño de la celebración. “Se acostumbra a hacer  una petición para ser nombrado Rey. Hay muchos que ya están comprometidos de aquí a seis años y ahorran por mucho tiempo para poder celebrar la fiesta”, agregó  Pazmiño.

El Rey designa, a su vez, a dos embajadores, quienes ayudan al monarca  a organizar el carnaval. Se los distingue porque lucen una bandera artísticamente confeccionada, la misma que flamean junto al soberano. La fiesta es posible gracias a la participación de los Jochantes, quienes entregan al Rey y a los embajadores bebidas, orquestas, danzas, comida,  colchas y otros componentes de la fiesta para que estos  atiendan bien a la gente.

Esta “jocha” no debe confundirse con el camari (regalo), dice Ortiz,  ya que este último es una ofrenda al Taita Carnaval y a la Mama Shalva como una  señal de respeto y admiración y suele componerse de dos cuyes cruzados, habas,  mellocos, papas,  frutas, flores y chicha de maíz.

Los juegos típicos forman parte de la tradición. Uno de ellos es el “gallo compadre”,  que consiste en enterrar en medio de una plaza a uno o dos gallos y luego arriesgados jinetes tratan de arrancar la cabeza del ave al galope. El rostro del ganador es manchado con la sangre del animal para dar fe de su triunfo en la justa.

También hay que “enterrar” al carnaval. 8 días después de la fiesta,  con caja de madera, lloronas y procesión se camina hasta un lugar cercano al cementerio de Guamote  para culminar la celebración.

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