Alejandra Boada, voluntaria española. Integrante de la organización Ecuasol y del proyecto UE Volunteers de la Unión Europea (UE)

"Cada escuela debía tener un plan de emergencia, pero no era así"

- 27 de diciembre de 2017 - 00:00
Foto: Marco Salgado / El Telégrafo

La Unión Europea ejecuta desde febrero de este año un proyecto en la zona de Manabí afectada por el terremoto del año 2016. El objetivo es preparar a la gente para afrontar de mejor manera desastres naturales en el futuro.

La Unión Europea (UE) empezó a inicios de este año un proyecto de apoyo a los habitantes de las zonas de Manabí más afectadas por el terremoto del 16 de abril de 2016.

Alejandra Boada, una voluntaria española que lleva dos años en el país, explica los alcances y objetivos del programa europeo.  

El plan busca preparar a los manabitas con herramientas básicas que les permitan enfrentar de mejor forma desastres naturales como sismos o tsunamis en el futuro.

¿Cuándo empezó el trabajo de gestión de riesgos en Manabí?
En febrero de 2017.

¿En qué consiste su labor?
Lo que hacemos es trabajar en prevención de riesgos. Sensibilizamos tanto en comunidades como en escuelas. Es lo que más nos interesa.

¿Qué metodología utilizan?
Hemos intentado trabajar, primero, con las autoridades más altas (estatales) de Gestión de Riesgos, Educación. Hemos hecho algunas colaboraciones con ellos, pero hemos visto que lo que más impacta es la colaboración a nivel local. Porque lo que queremos es resiliencia (capacidad de adaptación) y que la gente sepa qué hacer, por ejemplo, ante una desgracia natural.

No queremos llegar un tiempo corto e irnos sin tener impacto. Queremos que las capacidades que damos sean locales y después sean ellos mismos quienes puedan replicarlas.

¿Cómo transmiten esos conocimientos?
A través de charlas, actividades lúdicas para los niños, conferencias. Pero las dinámicas son distintas, dependiendo de dónde estén situadas las comunidades, el tema cultural, las costumbres.

En unos casos se trata de una dinámica de grupo, en otros es una charla. También depende del nivel de conocimientos que tengan ya sobre el tema de manejo de riesgos, las edades.

¿En términos generales preparan a las personas en cómo actuar ante un desastre?
Se trata de ayudarlos, más o menos, a que sepan qué hacer ante un evento natural antes de que lleguen las autoridades. Por ejemplo, les enseñamos a hacer un plan de emergencia familiar, uno comunitario.

En el sector La Roldós (noroccidente de Quito), hemos dado charlas sobre autoconstrucción más segura. Que si vas a construir una casa, no lo hagas junto a las laderas o en suelos inestables. Qué materiales utilizar. Pero antes les enseñamos las diferentes amenazas naturales, las vulnerabilidades.

¿El trabajo con los niños lo hacen en horario de clases?
Excepcionalmente. Pero por lo general no; trabajamos con ellos, más bien, en horas extracurriculares o fines de semana.

¿Qué deficiencias hallaron en Manabí sobre gestión de riesgos?
La gente no tenía, por ejemplo, conocimientos básicos sobre cómo se produce un sismo, un tsunami y las amenazas que genera cada uno.

Se supone que cada escuela debe tener un plan de emergencia y se vio que en muchas no había. Y con eso quisimos hacer un experimento de cascada que era enseñar a los niños para que ellos lo enseñen a los papás. Pues muchos de ellos tampoco tenían conocimientos básicos porque no fueron a la escuela.

Y también había debilidad en la construcción de casas. Las hacen como pueden porque no tienen recursos, pero entre las autoridades no hay mucha vigilancia.

¿Cómo lidias con la informalidad constructiva, cuando es un problema tan grande?
Justo terminamos una capacitación en el barrio La Roldós (noroccidente de Quito). Al principio se les preguntaba: “¿si tu terreno es inestable y tienes que irte de aquí, qué harías? La gente respondía: “no tengo a dónde ir”. A lo mejor ni es su terreno, pero su casa ya está ahí. Se dice que la construcción sismorresistente es muy cara, pero no es así. Hay formas de construir una casa sin que cueste muchísimo.                     

Hay muchos materiales, como por ejemplo el bambú, que haría una casa muy flexible y no tan cara. Entonces hemos visto que si tú le haces ver a la gente el riesgo que tienen ellos y sus familias, toman conciencia. Pero piden que las autoridades estén involucradas con capacitaciones, talleres, con ayuda en recursos.

¿Qué  diferencias de capacitación hallaron entre Quito y Manabí?
En la Costa habían muchas más deficiencias por estar en zonas más alejadas. Además, aquí saben que hay riesgo por un volcán, pero saben que no los va a afectar directamente; entonces, lo ven como algo remoto y no se involucran demasiado.

En cambio la dificultad en la Costa es que esperan ayuda directa; te ven como un banco, piensan que vas a venir con dinero y les vas a construir su casa.

¿La gente está más involucrada?
Sí, aunque lentamente. No sé si seguiremos el año 2019, pero hemos alcanzado cosas que pensábamos que no las íbamos a lograr.

¿Qué tiempo durará el proyecto en las áreas del terremoto?
Como Unión Europea esto está planificado para dos años. Depende del país. En Haití, fueron seis meses, en un trabajo muy puntual.

En el Ecuador está planteado para dos años, pero puede extenderse dependiendo del cumplimiento de los objetivos. Si vemos que las capacidades locales aumentan, si hay resiliencia. Pero si vemos que no aportamos, entonces se considera un dinero mal invertido.

¿Cómo se decidirá aquello?
Sé que en enero vendrán dos evaluadores por cuatro meses, a ver lo que se ha alcanzado hasta ahora. Y se supone que a finales de 2018, cuando se prevé que termina el proyecto, vendrán otros más y se decidirá si es que se continúa o no. (I)

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