Voto (hiper) localizado

- 30 de marzo de 2019 - 00:00

No hay una tendencia ideológica que se haya impuesto en las elecciones, más bien se demostró que sí es posible en Ecuador mixturar el agua y el aceite. Para las alcaldías y prefecturas, la victoria en la mayoría de ciudades y provincias se explica por las alianzas entre partidos locales, nacionales y movimientos. Resultaría equivocado proyectar resultados al 2021 y adelantar candidaturas ganadoras para las presidenciales. No hay tendencias locales, regionales ni nacionales, entonces “el todo no es la suma de las partes”.

Para muestra algunos botones. Los resultados de Azuay determinan para el caso de Cuenca que la mayoría le dijo no al continuismo de los últimos 15 años, como Paúl Carrasco y Marcelo Cabrera; optaron por un outsider, Pedro Palacios, y  por otra figura pública como Jefferson Pérez.

En la provincia, la votación favoreció a Yaku Pérez como espaldarazo por su lucha por los derechos de la naturaleza y su papel antagónico en el anterior gobierno. Esta realidad dista de Guayas y su capital Guayaquil, donde la población debía refrendar o cambiar el modelo socialcristiano. En Pichincha y Quito, el panorama es más distinto, dos de cada diez optaron por un candidato popular y pragmático, lejano de la construcción elitista de la política; para el espacio provincial se optó por el correísmo.

Estos escenarios son propios de cada provincia. La urgencia de nuevos liderazgos locales como Javier Altamirano en Ambato y otros que se reiteran como Lucía Sosa en Esmeraldas. Las votaciones expresan las expectativas temáticas y localizadas y no son demandas nacionales, aunque haya temas transversales como lucha anticorrupción, desempleo, inseguridad, cuidado de la naturaleza y derechos humanos.

Las fuerzas políticas tradicionales y las que protagonizaron cierta presencia en la última década tienen rendimientos diferentes. La Izquierda Democrática no sale del atolladero, el PSC sigue hiperlocalizado en Guayas y el correísmo intentó sobrevivir con resultados alentadores en Pichincha y Manabí, pero no en todo el Ecuador. Hay un resurgir de Pachakutik. La gran cantidad de alcaldías y prefecturas ganadoras con menos del 30% de votos válidos tiene un reto para procurar gobernabilidad y ganar legitimidad. Lo primero requiere grandes márgenes de negociación, acuerdos y compromisos con las demás fuerzas políticas, y lo segundo implica la capacidad de ampliar el capital político desde una eficiente administración con presupuestos, por lo general, exiguos, y que demandan creatividad, innovación y atracción de inversores privados. Pese a que las alianzas se impusieron como una estrategia triunfadora, no significa que la gente haya votado por las propuestas, sino por candidatos en una dinámica. (I)  

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