Violencia poscomunista

- 29 de julio de 2018 - 00:00

La película Operación Red Sparrow (2018), de Francis Lawrence, pone en evidencia la violencia de los agentes secretos rusos en operaciones encubiertas con alguna finalidad. No se trata de un filme sobre las aventuras de agentes secretos, sino de una obra que explica el proceso de preparación de una agente hasta volverla una máquina de matar.

Operación Red Sparrow fácilmente puede encasillarse como una película de acción, por todo su desarrollo donde la atmósfera se torna peligrosa para sus protagonistas, pero también como un filme psicológico en el que vemos el proceso de desadaptación social de la agente conocida como “gorrión rojo”.

La clave es deshacerse de todo tipo de sentimientos, de condicionantes afectivas, de cualquier lazo que implique estar en una realidad llámese “normal”.

Lo que el argumento plantea es pasar de las relaciones familiares a la defensa de la “madre patria”. La metáfora del desarraigo afectivo con la familia para abrazar simbólicamente la “familia patria” es sugerente en la película.

Así, se entra al plano simbólico donde la realidad se vuelve relativa, donde los seres humanos son marionetas de un Estado que se ha vuelto total, cuya alma “maquínica” se ha encarnado en cada uno de los agentes secretos. El abrazo de la “familia patria” o la defensa de la “madre patria” suena a un proceso de despersonalización, de desindividualización, hasta llegar a desear la muerte, todo porque el “Estado total” y su oscuro sistema de control biopolítico es lo prioritario.

Sin embargo, más allá de querer topar las cuestiones señaladas, la película toma el giro por la violencia. Se trata de una violencia estetizada, fría, calculada. Operación Red Sparrow es uno más de los ejemplos del cine norteamericano que pone en primer plano la violencia como recurso de construcción de un determinado orden.

De lo que se trata es denunciar, si se quiere, la violencia poscomunista, una que ha heredado el despotismo y la arbitrariedad ideológica del antiguo régimen y que pareciera convivir en el mundo internacional del capital.

La violencia excesiva en la película es un ardid para esconder precisamente las otras violencias producidas por el propio     mercado de la globalización, esas que podrían nacer también del tráfico de armas, de estupefacientes, de dinero, de personas, etc.

Por ello, claro está, la película va por el camino solo a la psicología de la agente. (O)

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