Un mundo asfixiante

- 18 de marzo de 2018 - 00:00

Tal la impresión que deja la película iraní Nahid (2015) de la directora Ida Panahandeh. Ese mundo asfixiante está dado por el entorno de una ciudad pequeña, cuya frontera es un mar bravo, un puerto del que se notan las máquinas que sirven para la carga o descarga de productos, un río cerrado, una atmósfera lluviosa y, sobre todo, un mundillo de personajes que vigilan, que celan, que ejercen violencia particularmente simbólica contra sus semejantes. La figura central es una mujer tras un matrimonio fallido y la lucha por la tenencia de su hijo.

La película, a diferencia de otras de procedencia iraní (una referencia fuerte en Occidente es el cine poético y filosófico de Abbas Kiarostami), es claramente de crítica social a un sistema social y político que de por sí se muestra poco abierto a reconocer los derechos de las mujeres.

Es claro que Irán tiene una cultura que, distinta a la Occidental, proclama otro tipo de valores sustentados en la religión islámica, además de las normas que hacen constatar otra ética y, como tal, un modo diferente de encarar los problemas que implican las relaciones sociales y humanas. La directora, en este marco, se muestra prudente y respetuosa, haciendo notar al espectador que el problema que encierra la trama de su película es un alegato por esas mujeres que deben enfrentar el señalamiento social por causa de un sistema predominantemente masculinista.

El ambiente asfixiante y la atmósfera oscura lo que hacen es significar más ese camino tortuoso en el que inicialmente Nahid está, del cual solo trata de eludir, aunque luego, forzada para vencerlo, debe decidir. Si ese mundo masculinista que se le antepone está determinado por quien fuera su marido, un adicto y jugador empedernido, y su propio hijo que trata de imitarlo, la decisión que ella debe tomar es recomenzar, volver a enrumbar su vida y, por fin, aceptar que, aunque el mundo sea hostil, lo que vale es la voluntad de ser mujer en un entorno donde la libertad es limitada. En este sentido, el filme es de aprendizaje, una especie de hermenéutica del yo que supone que cualquier decisión que esté en manos de Nahid, a su vez ella tendrá el concurso de otras voluntades que siempre estarán allá para apoyarle. Por ello, vale varias veces estar frente a ese mar embravecido, imagen recurrente en la película como signo que recuerda que, aunque el mundo ponga límites, la decisión clave es enfrentarlo. (O)

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