“The Matrix” vs la Constitución y la ley

- 27 de agosto de 2018 - 00:00

El avance de la tecnología ha cambiado radicalmente las relaciones entre el ciudadano y la Administración. En especial, y por su ámbito de innovación, en los impuestos que administra el SRI, aunque todavía hay camino por recorrer para llegar a expedientes electrónicos en reclamos administrativos y auditorías tributarias o comparecencias a través de videoconferencias. En aras de la eficiencia va desapareciendo el “acto administrativo”, que es el documento escrito y firmado por un funcionario que atiende las peticiones o reclamos de los contribuyentes, por ejemplo, al abrir un RUC, incluir una persona en el Estado Tributario, aceptar una declaración tributaria, absolución de consultas en ventanilla o por teléfono, y más.

La existencia de un sistema jurídico que tiene en la cúspide a la Constitución de la República y las leyes son de obediencia y aplicación a la Administración Pública y los ciudadanos. Pero como una realidad de la película de ciencia ficción “Matrix”, en Ecuador el “sistema” lo gobierna todo. De nada sirven los principios constitucionales tributarios de eficiencia, simplicidad administrativa y legalidad.

Usted necesita un certificado de no tener deudas con el SRI, pero si tiene una declaración no presentada (que no es deuda), simplemente no podrá obtener el certificado ya que el “sistema no permite”. Si usted tiene deudas pendiente por matriculación vehicular que están impugnadas administrativa o judicialmente (es decir, su legalidad está en discusión) y pretende matricular su vehículo, simplemente no lo podrá hacer debido a que el “sistema no permite”. O el absurdo en trámites municipales que exigen obtener un certificado de no adeudar al propio Municipio -así como lo lee- e ir a otra ventanilla a obtener el certificado, cuando el funcionario puede ver eso en su propio sistema. Solo así se entiende el aforismo, que lamentablemente usamos los abogados, de que una cosa es lo que dice la ley (y la Constitución) y otra lo que ocurre en la práctica. Si Hans Kelsen viviera, la pirámide jurídica tendría en su cima al “sistema” por sobre la Constitución y las leyes. Por lo que, más allá de la inclusión del principio de seguridad jurídica, si no se adoptan medidas efectivas y reales que garanticen su aplicación, no será nada más que un cascarón vacío. (O)  

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