Sobrevivientes a la pederastia católica dejan de esconderse

- 07 de junio de 2018 - 00:00

Bárbara Blaine fue la mujer que en 1988 tuvo la fuerza para enfrentar a la Iglesia católica y  constituir la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico (SNAP).

Su primer acto de amor para sí y los demás fue denunciar públicamente a una institución transpersonal, que encubre a quienes usan la fe para violar, abusar y sostener el sistema.

Su vida se apagó el 24 de septiembre de 2017 dejando como herencia una red de veinte mil supervivientes solidarios entre sí, que buscan de cualquier forma ayudarse mutuamente en los casos que aparecen.

Muchos han exigido justicia, demostrándole al catolicismo que no son hechos aislados; por ejemplo en Argentina está el caso del Instituto Antonio Próvolo de Mendoza, presentado en Washington de la mano de la Red de Sobrevivientes, que llevó a tribunales a los sacerdotes Nicolás Corradi y Horacio Corbacho, por haber abusado y sodomizado a niños sordos.

Hace poco en México, Jesús Romero, luego de una década, logró la condena de 63 años, que fue impuesta al sacerdote activo Carlos López, quien lo violó cuando era un niño.

En Chile, el periodista Juan Carlos Cruz debió visitar personalmente al papa Francisco, para lograr el remezón de la cúpula de la Iglesia católica en su país.

En Ecuador, la denuncia de Jorge Palacios, quien responsabiliza de abuso al conocido “Cura Cordero”, moviliza y motiva los testimonios de quienes siendo adultos se atreven a hablar.

La pederastia nada tiene que ver con la fe, nada tiene que ver con Dios, es un pecado para los creyentes que no puede callarse y no está sujeto a secreto de confesión alguno.

Es un delito que debe sancionarse con la fuerza de la ley penal, y no con una vida de penitencia y oración. No basta pedir perdón, no es negligencia, no es un comportamiento inadecuado. 

La pederastia es la expresión más perversa del patriarcado, causa severo impacto en la vida de quien la sufre y es infernal cuando el agresor es lo más cercano a Dios, cubierto de divinidad y silencio; entonces solo se puede sobrevivir luchando. (O)

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