Ave Fénix

- 29 de septiembre de 2019 - 00:00

Parece que la industria cinematográfica ha reencontrado la fórmula para poner en primer plano la vieja música rock, la que en el último tercio del siglo XX era un referente generacional. Esta vez es la figura de Elton John y su música en el biopic, Rocketman (2019) de Dexter Fletcher, un filme que, como otros, plantea el aparecimiento, la decadencia y el resurgimiento de algún famoso.

Rocketman es una película típica si seguimos el esquema descrito que, como todo drama, conmueve, pero también alegra porque, para los nostálgicos, en el caso de Elton John, sigue vivo, es reconocido como un caballero de la realeza, tiene una fundación que combate el VIH, y otras cosas más: en definitiva, esta estrella rock supo imponerse a los problemas a los que se enfrentó y los que se creó dados sus excesos.

Quizá, una sutil perspectiva está en esta película que podría diferenciarle de otras —pienso en la reciente, Bohemian Rhapsody (2018) de Brian Singer, sobre la vida de Freddy Mercury—. Es el punto de partida del argumento donde Elton John confiesa que es un alcohólico y drogadicto, y necesita de ayuda, por lo que acude a un centro de atención social. La película se postula como un ejemplo de resiliencia, a partir del reconocimiento de un estado de cosas.

El personaje pide ayuda sicológica y clínica disfrazado de un ave y, en la medida que cuenta su conflicto afectivo con su padre y la actitud de su madre, aquel va quitándose poco a poco dicho traje. Se puede decir que desde el inicio hay un modo simbólico que implica reconstruir la identidad, de quitar del cuerpo los constructos socioculturales que atan, hasta hacernos entender que todo propósito de sanación está en el reconocimiento y la valoración de sí.

Es la historia de un ave fénix que, aunque quemado por su propio fuego, de las cenizas reemerge para volverse ejemplo. Pese a una cantidad de obviedades, a que las canciones que sirven para explicar el conflicto de John están dispuestas intencionalmente como si fueran parte de un rompecabezas íntimo -aunque aquellas fueron escritas por su amigo Bernie Taupin- y, peor aún, un guion demasiado predecible, Rocketman se plantea como una película “ilustrativa”: su finalidad va más allá de la puesta en escena y el entretenimiento, pues quiere mostrar cómo una persona no se deja vencer. (O)

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