Gobernar detrás del poder

- 10 de marzo de 2019 - 00:00

Aunque suene contradictorio, es posible gobernar detrás de una forma de poder. Eso es lo que plantea Yorgos Lanthimos en La favorita (2018). La trama se centra en dos mujeres coqueteando con el poder de la reina Ana Estuardo, gobernante de frágil salud.

Lanthimos se presenta como un refinado observador de las relaciones al interior del palacio británico. Su cámara, con sendos movimientos que siguen, cual danza macabra, a los personajes, explora las relaciones de mujeres entre los muros barrocos y el maderamen oscuro que es horadado por la luz solar o de las tenues velas. El efecto: imágenes insidiosas que contrapuntean con el carácter de esas mujeres ambiciosas por agarrar algo del poder real.

Ante un gobierno débil, donde los terratenientes se mantienen incólumes, y existe la tensión entre los partidos que sirven como actores de un gran teatro político en el que la guerra es el pretexto para hacer negocios y para minar al pueblo, dos mujeres están entretelones.

La primera es Sara Churchill, esposa del duque de Marlborough, que, valiéndose de la amistad con Ana, la tiene cercada -llegando hasta la amenaza- para imponer en el reino políticas que beneficiaban a su familia y allegados. La segunda es su prima, Abigail Masham, la cual quiere levantar el honor de su familia y conquista el corazón de la reina Ana. En este contexto, es claro que ambas mujeres entablan una relación de competencia, a veces cruel, para mantener los favores de la reina.

Lanthimos demuestra que la parte esencial del poder al que ambas mujeres conquistan y someten a su arbitrio es el sexo y es en ese terreno que ellas se disputan su propio imperio. Para llegar a dominar es necesario comprender el poder del sexo, más cuando este está amenazado por la enfermedad.

La reina, nos la presenta así Lanthimos, está enferma y ha perdido sus vástagos: el sexo es un modo de suplantar la falta de amor, cuestión que es intuida por las primas. El juego, así, es el poder del sexo, disfrazado de amor, con el que acallan a la reina, pero también como recurso para luchar entre ellas.  

La favorita es una película descarnada. Lanthimos recrea un período histórico de la corona británica poniendo en evidencia el rol de la mujer que usa sus propios recursos para dominar. Tras de dicha trama, el director griego pone al descubierto hasta qué punto se es inescrupuloso para lograr cualquier fin.

La favorita ejemplifica la inmoralidad que atraviesa al poder en sí. (O)

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