Nizhny, del nombre literario al colorido mundialista

- 18 de junio de 2018 - 16:00

Nizhny Novgorod no fue Nizhny Novgorod entre 1930 y 1992. En ese tiempo se llamó Gorky. Como varias ciudades de la vieja Unión Soviética (Leningrado, hoy San Petersburgo el caso más emblemático), este rincón a orillas del Volga fue presa de esa tendencia del Soviet por rebautizar, sea por borrar la historia o por homenajear.

En el caso de Nizhny, su antiguo nombre fue un homenaje a Máximo Gorky, su hijo. De esa forma, parece, quisieron darle un premio consuelo al máximo autor del realismo revolucionario, quien fue cinco veces nominado al Premio Nobel de Literatura, pero sin ganar ninguna.

Hasta llegar hoy a la ciudad que alguna vez llevó su nombre, mi máximo contacto con él fue la lectura escolar obligada de "La Madre", acaso su obra más conocida en Occidente. Hoy todo es menos literario, pero no por ello deja de tener cierta épica. Nizhny es una de las subsedes de la Copa del Mundo Rusia 2018 y se estrenó con el partido entre Suecia y Corea.

Hasta 1985, la entonces Gorky era una "ciudad cerrada". Es decir, no era posible entrar sin una autorización gubernamental. ¿El motivo? Muy de la guerra fría: acá estaban situadas las industrias armamentística, de transporte y de producción científica. Suficiente razón para alejar a cualquier curioso.

Pero esos tiempos ya se terminaron y este verano ruso del 2018 cobijó a 42300 espectadores en el estadio principal de la ciudad. Suecos y coreanos se trabaron en pareja batalla, donde la correteadera de Son (sucesor de Bum y Park como dueño del rápido y enjundioso estilo coreano) y la omnipresencia de Jo en el arco casi trastocan el favoritismo nórdico.

Andreas Granqvist, con un penal "de VAR" (concedido por el salvadoreño Joel Aguilar tras una espera angustiosa) desniveló el partido, que acabó con la presión machuca te de los asiáticos, pero sin llegar al empate.

Pero la fiesta no se desdibujó por el resultado. La vistosidad sueca, las níveas pieles, largas barbas y rubias cabelleras, fueron las animadoras de la jornada. Con la minoría en la tribuna, los coreanos fueron opacados a la hora del aliento, que ganaba voz unánime cuando estallaba el "¡Rossiya, Rossiya!", un grito que sirve para reconocer la calidad de anfitrión que el país sede viene demostrando.

Así se despide Nizhny-Gorky de este estreno mundialista. Ahí quedan sus iglesias, como la catedral de Alexander Nevsky, patrimonio mundial de la Unesco, cuyas cúpulas doradas y fachada café vigilan al estadio desde el sector Occidente. Su centro histórico, acaso uno de los más auténticos de Rusia, espera por huéspedes del calibre de los argentinos y los ingleses.

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