Punto de vista

La obligación, un aliciente

- 20 de julio de 2016 - 00:00

A los sueños hay que ponerles fechas y eso es lo que Independiente del Valle realizó seguramente cuando aquellos visionarios pusieron manos a la obra y encaminaron un manojo de deseos; hoy sin duda se cumple ese primer anhelo porque la fecha copera se viste de gala y los tendrá como anfitriones especiales e inéditos.

En la previa se respira un aire de jolgorio y apoyo de todos los rincones del país, demostración que se agigantó por la actitud de los directivos del club al acercar el calor popular con gestiones altamente humanas en momentos de necesidad. Pero es imperioso saber que este deporte tiene la particularidad de gestar enamoramientos y también responsabilidades inmediatas. Y es por eso que, con mucha convicción, puedo aseverar que indirectamente los protagonistas saltarán al campo motivados, pero con una presión natural que nace de la obligación de ganar un partido clave para saciar las máximas aspiraciones.

El rival es Atlético Nacional, un conjunto que será la antítesis de lo que fueron los anteriores contrincantes en las diferentes fases porque no solo ostenta fortalezas en sus líneas con jugadores de mucha experiencia y potencial, sino que también convive con el factor altura en su reducto.

Un aspecto no menor es que orgullosamente muchos de los futbolistas que jugarán esta final histórica son hijos genuinos de un proyecto que se sostiene en principios sólidos de no escatimar tiempo ni inversión en detalles fundamentales que normalmente son analizados como gastos.

Para graficar estas situaciones es necesario entender los desempeños de varios elementos que formaron su perfil desde las entrañas de la institución, como el caso de Orejuela, volante moderno que trajina de manera silenciosa, haciendo fácil lo difícil, demostrando que la primera premisa del fútbol dice que jugar bien es darle de manera correcta el balón a un compañero y ser siempre una opción de pase.

Comencé el análisis de este canterano porque no es casualidad que desde su ubicación en el campo sea el eslabón indispensable para que otros dos jugadores de la columna vertebral siempre encuentren en el esbelto mediocampista una rueda de auxilio. Estos son los casos de Luis Caicedo y José Angulo, central y delantero, que han compartido el crecimiento con Orejuela y hoy también son frutos y realidades del equipo del pueblo.

Caicedo madura partido a partido y eso se refleja en la comprensión y el temple con el que encara los juegos, pero por sobre todo porque cree en su potencial, pero no se olvida de sus falencias y sigue trabajando para superarlas y mejorar. El ’Kunty’ siempre tiene un lugar en el 11 de Repetto y eso demuestra la confianza que se ha ganado por realizar una labor importante y trascendente, resaltando su juego aéreo y ser casi imbatible en el mano a mano.

La radiografía de la grata aparición del balompié ecuatoriano que es José Angulo nos evidencia que estamos ante un diamante en bruto que tuvo una aparición estruendosa y supo adaptarse al máximo nivel para exponer enormes condiciones. Angulo es un delantero audaz que arriesga en el área grande y que entiende que, cuando se aleja de este mágico sector, su aporte se desvanece. Su juego pide a gritos que otro vástago del club, como lo es Junior Sornoza, media punta criterioso, de gran pegada y con mucho gol, lo habilite -si es posible de memoria- y así intentar arremeter con diagonales a toda potencia siendo esto una puñalada para los defensas rivales. (O)

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