Intolerancia y xenofobia

- 22 de julio de 2018 - 13:53

La película del alemán, descendiente de turcos, Fatih Akin, En la sombra (2017), vuelve a poner de manifiesto la cuestión de la xenofobia en su país y Europa. Ganadora del Globo de Oro a la mejor película extranjera de 2018, es un retrato sobre cómo la sombra del nazismo pervive, pese a que se lo cree extinguido.

La historia gira alrededor del asesinato de un padre de familia y su hijo, el primero migrante y casado con una alemana. Sin embargo, el desarrollo de la trama es el proceso judicial por el cual se trata de demostrar la culpabilidad de una pareja de alemanes responsables del doble homicidio.

La importancia del juicio radica en eso, en tratar de desentrañar el homicidio y los desvíos que el abogado defensor de los encausados realiza. Y es ahí donde Akin ensaya su tesis sobre cómo un estado de derecho y parte de sus habitantes hacen oídos sordos y tratan de ocultar la mirada a la realidad en la que, en la oscuridad, actúan grupos neonazis, cuyo propósito es solo atentar contra quienes no son de la nación. Para darnos cuenta de ello, el director nos sitúa entre las calles de alguna ciudad donde vemos cantidad de migrantes de diversa condición y procedencia.

De pronto la Alemania de las fotografías turísticas se va dibujando con el rostro de esas otredades, de los inmigrantes que, poco a poco, han ocupado diversos espacios con su trabajo y sus vidas. La cámara, en este sentido, se torna antropológica, contemporánea, en sentido de ser una mirada que fija su atención a los intersticios de una cultura y sociedad aparentemente estables.

La alemana, interpretada por Diana Kruger, de pronto percibe que lo que para ella es normal, a la vista de otros, sobre todo de ese Estado oculto, las cosas tienen el rostro de la intolerancia. El abogado se torna en el hábil y hasta malicioso defensor de una situación problemática: la xenofobia de pronto aparece matizada con varias figuraciones estereotipadas, como la delincuencia, el tráfico de drogas, la mafia, etc.

Es decir, la película denuncia que, cuando se trata de migrantes, todas las etiquetas criminalizantes son oportunas en la medida que dichos seres humanos se constituyen en una amenaza. Akin, claro está, nos lleva a que nos demos cuenta del estado de indefensión que lleva al bloqueo interracial e intercultural. Su película, así, es pesimista pero no por ello cuestionadora. (O)

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