La ley del revólver del cacique costeño

- 19 de agosto de 2018 - 00:00

Cuenta la leyenda que un cacique costeño entraba al banco armado para “negociar”. Irrumpía en el despacho de gerencia pateando al perro. Lo increíble es que el método funcionaba y el prepotente se salía con la suya. Un auténtico “far west” criollo, “La ley del revólver” montuvia.

Al pueblo ecuatoriano parece gustarle los peleones, los que entran pateando al perro. Si el presidenciable de turno es reconocido como “un tipo de pelea” está al otro lado. Pero como las coces caducan mucho antes que las ideas, la vigencia de los bravucones es corta.

Uno de esos cowboys trasnochados que repartió correazos durante sus campañas, ahora ve cómo el tinglado que montó se desploma, sus sueños de dictatoriales se convirtieron en una pesadilla para el país y ahora para él. La soga se va cerrando alrededor de su cuello. El buque hace agua por todas partes. Fernando Alvarado Espinel, funcionario de pocas luces y codicia voraz. Intocable del Gobierno anterior gracias a sus notables habilidades de esbirro, ahora lleva un grillete electrónico en su tobillo.

Este sujeto tuvo a su cargo los medios de comunicación incautados a los Isaías. La Contraloría encontró que Gamavisión firmó contratos millonarios con las empresas de la familia Alvarado. Estas y otras irregularidades, según la misma institución, quebraron a esa empresa y dejaron en pésimas condiciones a TC Televisión.

Este tipo no entraba a estas empresas con pistola, pero sí con la misma actitud del cacique costeño. Ahora debe vérselas con un caso por presunto peculado y responder por al menos 11 expedientes abiertos por Contraloría. Las formas han cambiado, Fernando Alvarado no lleva una bala de cañón a cuestas, como en el lejano oeste, pero sí un grillete electrónico. Y aunque es un pequeño logro, para individuos de su calaña, no es suficiente ni siquiera estar tras las rejas unos años.

El verdadero castigo, si se comprueban sus andanzas, será quitarle el dinero mal habido, expropiarle lo que no le pertenece. Solo ahí se hará justicia. (O)

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