El VAR llegó y parece que se queda

- 01 de julio de 2018 - 00:00

El fútbol ganó una nueva emoción. A la carrera del juez hacia el punto penal o la espera por el pitazo final en un partido apretado, se suma la seña arbitral que marca un rectángulo en el aire y que indica que hay que recurrir al videoarbitraje (VAR) para dilucidar una jugada conflictiva. Durante esta Copa del Mundo, varias veces contuvimos la respiración, a la espera de la decisión final del juez tras observar la imagen.

De entrada, el videoarbitraje no me gustó. Me pareció una modalidad innecesariamente importada de deportes que nada tienen que ver con el fútbol. Además, en una actividad que sí tiene que ver -el rugby- la herramienta se bate en retirada, tras múltiples cuestionamientos. Sin embargo, creo que ha demostrado su efectividad, aunque su aplicación general está lejana. Perfecto, hay VAR en el Mundial, pero ¿para cuándo lo tendremos en un Santa Rita - Gualaceo? No olvidemos que el fútbol tiene un carácter universal y masivo superior al de cualquier disciplina.

Estamos en Moscú, en una muy pulcra y austera rueda de prensa FIFA, aquellas con el sello de la administración Infantino. Nada del lujo y el dispendio de las eras Havelange y Blatter. El motivo de convocar a la prensa es valorar la aparición del VAR en la primera etapa del torneo mundialista. Y las autoridades están contentas.

Bombardean con cifras. Pero lo concreto es que, durante la fase de grupos, el VAR se aplicó 335 veces, dando un total de 99.3% de decisiones acertadas. El encargado de exponer las bondades del sistema es el italiano Pierluigi Colina, acaso el último gran árbitro que tuvo el mundo.

Sigue Colina: 14 decisiones iniciales fueron modificadas gracias al VAR y se recurrió a este sistema en un promedio de casi siete veces por partido. Hay satisfacción, pero hay una cifra que obliga a la optimización: en promedio, se necesitaron 80 segundos para la revisión del video. Se busca que el trabajo con el equipo arbitral que está frente a la pantalla sea más rápido.

Cada partido del Mundial utiliza 37 cámaras para ser televisado. La abundancia de imágenes deja aún más expuestos a los árbitros como responsables de los fallos correctos e incorrectos. Claro que el VAR sigue dejando deudas, sobre todo a la hora de su aplicación. El mundo recuerda el horror del paraguayo Enrique Cáceres, quien se acogió al VAR para revisar una supuesta agresión de Cristiano Ronaldo. Por lavarse las manos, el guaraní decidió de manera totalmente antirreglamentaria (dispuso tarjeta amarilla), cuando correspondía o tarjeta roja o ninguna sanción.

Se viene la tecnología en pleno. Se empezará a extrañar el factor humano, pero es hora de dejar la duda y la polémica para otras instancias fuera del campo. El VAR llegó, parece, para quedarse. Ojalá se universalice y se optimice. (O)

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