El sueño del fundador

- 20 de julio de 2016 - 00:00

Michel Deller llegó a Independiente del Valle para tomar el testigo que dejó José Terán, el fundador del club, tras su muerte en 1975. Esta historia que comenzó casualmente a propósito de la Copa Libertadores podría tener un final feliz con la conquista de la misma. Aunque la idea primaria de Terán era solo la de emular a su querido Independiente de Avellaneda con un equipo que pudiera vestir un uniforme similar y el mismo nombre en ligas cantonales, Deller llegó a instancias insospechadas: la final del torneo continental. Es que el amor de Terán por el club argentino nació justamente por las finales de Copa Libertadores que ganó el cuadro de Avellaneda en 1964 y 1965.

Y 50 años después su Independiente, el que fundó él y que luego llevó su nombre -hasta que fue cambiado por del Valle en 2006 y aprobado por el Ministerio del Deporte en 2014- como homenaje post mórtem de sus amigos y familiares por su obra dentro y fuera de la cancha, podría proclamarse campeón de América. Y también ganarse un espacio -grande o no, eso no importa- en la revista El Gráfico, en cuyas páginas se deleitaba leyendo las aventuras de los ‘Diablos Rojos’, que luego formaron parte de la decoración de las paredes de su zapatería en Sangolquí. José Terán no vivió para ver al equipo de sus amores derrotar a Colo Colo, River Plate, Pumas y Boca Juniors, pero sí disfrutó de las mieles del triunfo a nivel cantonal ante Brasilia, Chacarita, Huracán, Salinas, Atletic... Y ese espíritu amateur que tanto pregonaba e identificaba a Terán y del que tanto habla y exige Jorge Sampaoli, técnico exitoso y reconocido en el balompié mundial, quedó impregnado desde esa época hasta hoy, pese a convertirse en un club que disputa torneos profesionales. El amateurismo, esa forma de sentir el fútbol como un juego en el que lo principal es divertirse, entretenerse, luchar por tener el balón más que el rival e intentar ganar sin pensar en el sueldo ni la fama, reapareció en la Libertadores. IDV, la marca de moda, se ha ganado el corazón de los ecuatorianos como hizo con los sangolquileños desde la época en que no se lo podía ver por televisión ni seguirlo por radio, debido a su funcionamiento en la cancha ante grandes potencias del balompié sudamericano. Y también por la humildad de sus componentes en la derrota y en la victoria, ante el asedio de aficionados y periodistas o para aceptar comentarios sarcásticos y negativos en su contra.

El legado de Pepe Terán que Deller tomó y moldeó con visión empresarial y de negocios ha permitido que Ecuador se gane una vez más un lugar importante en el mapa del balompié mundial. Terán y Deller, el amateurismo y lo empresarial, una fórmula a imitar por clubes que pese a contar con grandes cantidades de dinero están lejos de llegar (o volver) a una instancia tan alta como la que se disputa desde hoy. Si estos muchachos, que nos han brindado algunas alegrías en 2016, se quedan sin título, igual serán recordados en el tiempo por el sitial donde llegaron y por los rivales que superaron en el camino, pero si ganan, como dijo Guardiola a los jugadores del Barcelona antes de la final de la Liga de Campeones frente al Manchester United en 2009: “serán eternos”. (O)

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