El largo camino hacia la cima del rock 'n' roll

- 09 de agosto de 2018 - 00:00

Una epopeya cinemática chispeando en la pantalla de una máquina de bar, el auto de juguete que nos transporta a otra dimensión. Son escenas del videoclip en la canción “Freewheel Burning” de Judas Priest. Es como la noticia de que esa banda de heavy metal llegará al país en octubre.

Durante la rueda de prensa sobre la visita de los ingleses, un colega me pregunta si antes hubo un concierto que generara tal expectativa; tanto por los estelares como por Kreator, los alemanes que aparecen en el cartel como banda invitada... Es que decirle a un metalero latinoamericano que Judas llegará a su ciudad es como aplastar el botón para clonar a Beethoven. Es poner a arder la hoguera de lo (im)posible y hubo hasta quienes le arrogaron grandes responsabilidades a quienes montan la fantasía: “reactivar al movimiento rockero” o empezar a atraer a otros ídolos: AC/DC, Accept, Scorpions, Slayer.

Pero a la realidad aumentada que son las ruedas de prensa le sobreviene el bostezo y la realidad sola, el escepticismo. Aún hay gente que cree que Priest no vendrá. Y no es gratuito: La empresa Escena Eventos anunció que el Coliseo General Rumiñahui será el sitio para el show antes de concluir un acuerdo con un contratante de ese espacio, para que ceda su turno... Las dudas se mantienen. Y mientras aterrizamos en este país sin políticas públicas para que los espectáculos se den como deben, se advierte una oportunidad para la cultura: Que la iniciativa privada pueda más que los desgastados e impopulares conciertos realizados con fondos públicos. En el olimpo rockero hay un puñado de festivales —europeos, estadounidenses, argentinos, brasileños o mexicanos— que en Ecuador nos parecen inalcanzables, no por falta de recursos      —nuestros gobiernos han derrochado mucho más en otras cosas—, sino por la idiosincrasia de quienes los han gestado aquí y que nada tienen que ver con lo que se hace allá. La alternativa: que los gestores culturales sean, cuando menos, menos corruptos que nuestra política y los políticos, y que los grupos clientelistas que han pululado en la escena este par de últimas décadas —siempre tras recursos estatales, el negocio fácil— dejen espacio a quien no vaya a clavarnos puñaladas.

Es momento de apuntar a la cima. “You’ve got Another Thing Coming”  /  Tiene que ser otra cosa lo que venga. (O) 

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