El “impuesto verde” sí es ecológico

- 11 de febrero de 2019 - 00:00

El Impuesto Ambiental a la Contaminación Vehicular (IACV) existe en  Ecuador desde 2011 para gravar “la contaminación del ambiente producida por el uso de vehículos motorizados de transporte terrestre”. El impuesto se determina en función del cilindraje y años de antigüedad del vehículo; el impuesto aumenta proporcionalmente en función de estas dos variables. Tiene sentido ya que un vehículo de alto cilindraje contamina más, al igual que uno con tecnología antigua es un elemento de mayor contaminación del medio ambiente.  La Constitución reconoce los tributos de tercera generación (art. 300), al señalar que la política tributaria motivará conductas ecológicas, sociales y económicas responsables.

La doctrina internacional ve con optimismo los tributos ecológicos como un mecanismo efectivo para conseguir cambios en el comportamiento de los ciudadanos, manteniendo un nivel de precios elevado a las emisiones de carbono en el largo plazo. De alguna forma, deseada o no, Ecuador va en esa línea con un incremento al costo del combustible y al valor del IACV.

Preocuparse por el medio ambiente no es una moda o ideología. Los datos evidencian que el 91% de la población mundial vive en lugares con mala calidad del aire.

Mientras que impuestos como el IVA y a la Renta son mejores mientras más recauden,  los tributos ecológicos son más efectivos mientras menos recaudan. Es preciso que al IACV se acompañen políticas de chatarrización o se canjeen por bonos para adquirir vehículos de transporte amigables con el ambiente (eléctricos o híbridos); de lo cual nada han dicho las autoridades. De lo contrario, que la recaudación a 2017 del IACV fue de $ 93.837 millones y al 2018 aumentó un 27% para alcanzar los $ 119.487 millones, significa que el impuesto no es efectivo y no se ha logrado que salgan de las calles vehículos viejos de alto cilindraje.

Tampoco se justifican exoneraciones como las que gozan buses y taxis, los destinados a actividades productivas, ambulancias o vehículos clásicos, inclusive.

El IACV requiere una reforma que lleve atada una mayor imposición en función del kilometraje; de lo contrario un vehículo que no haya circulado no puede pagar lo mismo que otro de similares características que circula 6 u 8 horas diarias, quedando el IACV como un impuesto al patrimonio. (O) 

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