Dios le pague señor presidente

- 26 de mayo de 2019 - 00:00

Los medios de comunicación publicaron, en sus titulares, el “Dios le pague señor presidente” expresado por el destacado futbolista Antonio Valencia, en la condecoración que recibió en el Palacio de Gobierno.

Fue luego un comentario frecuente en las redes y en las conversaciones entre amigos y familiares, no solo por la humildad de un gran deportista como lo es Valencia, sino por lo inusual que resulta -en esta época- escuchar a alguien expresarse con educación.

Para los ecuatorianos, esa frase denota un profundo agradecimiento por un favor o una acción bondadosa que hemos recibido por parte de otra persona.

La frase viene de la Biblia, que en uno de sus versículos menciona que Dios pagará a cada individuo según ha obrado.

Seguramente por eso Valencia obtiene ese tipo de reconocimientos.
Pero para él fue más importante agradecer y lo hizo con humildad. Dejó en segundo plano que había jugado al fútbol, con éxito durante 10 años, en el mejor equipo del país que inventó el fútbol -y uno de los más exigentes del mundo- y que representa a Ecuador con la selección.

Quizás la causa de ese comportamiento sea lo que llevan por dentro los deportistas de élite. Los que tienen que educarse en el deporte, exigirle a su cuerpo y a su mente más allá de los límites y renunciar al mundo exterior para destacar en el suyo.

Es posible que se entienda el concepto de humildad cuando un jugador que fue estrella del Manchester United –ni más ni menos- tiene que quedarse en la banca de suplentes porque no es necesario para el nuevo técnico, le recuerda que no es indispensable y poco después lo saca del equipo.

Eso que vimos de Antonio Valencia es lo que vamos perdiendo en el fragor de la lucha diaria, en el mundo violento y maleducado que nos encontramos cuando somos alevosos al hablar o cuando manejamos el automóvil y no cedemos el paso al peatón en la calle, cuando vemos al vivo que se pasa la fila, al que entra y no saluda o al que se enriquece sin esfuerzo.

Qué habrá que hacer para que Valencia cuente y enseñe a los seres terrenales comunes cómo -a pesar de ser un reconocido y cotizado futbolista en Europa- se puede ser humilde y educado. O será por eso mismo. (O)

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