La crisis humanitaria en Venezuela

- 02 de septiembre de 2018 - 00:00

Venezuela enfrenta la tercera ola de emigración en palabras de expertos en movilidad humana. La primera se produjo en 1999, apenas iniciaba el gobierno de Hugo Chávez. Un segmento de la población de condiciones socioeconómicas holgadas decidió abandonar el país por una actitud de resistencia al saldo desastroso de la crisis política del bipartidismo en concomitancia con una economía frágil, además de un conjunto de dudas de lo que podría hacer el gobierno bolivariano para refundar la patria. Esto propició incertidumbre en un sector del empresariado. La segunda ola se registró en 2013 cuando Nicolás Maduro asumió la presidencia y la economía daba señales incuestionables de un moribundo que está en terapia intensiva, sin perder de vista que el resultado de las elecciones fue cuestionado dentro y fuera.

En la actualidad la tercera ola se produce con mayor contundencia y toca a la mayoría de países de América Latina en calidad de receptores de emigrantes, pero con políticas distintas.

Este fenómeno coloca a Venezuela frente al espejo, en el sentido de dimensionar las condiciones socioeconómicas y políticas que viven las personas en su cotidianidad, debido a la transgresión permanente de las libertades civiles y políticas en materia de expresión, opinión, prensa, asociación y participación y, más aún, en la incapacidad de satisfacer necesidades básicas en lo económico y, peor aún en su bienestar social. La palabra más común en la tierra de Bolívar es escasez bajo diversos tipos: escasez de democracia, escasez de productos de primera necesidad, escasez de seguridad, escasez de vida digna.

Este país caribeño fue receptor de emigrantes entre las décadas 70 y 80 por diversas situaciones: la proliferación de las dictaduras en el Cono Sur, la emigración europea a Sudamérica, el mismo boom petrolero y la bonanza económica que etiquetó a Venezuela como la “saudita latinoamericana” y, sobre todo, sus valores democráticos que lo consolidaron como uno de los más estables en la región por su sistema bipartidista y el papel de las instituciones. Esa realidad de antaño es desconocida y lacerante. (O)

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