Vivir con una víctima de abuso sexual

- 08 de julio de 2018 - 00:00

Siempre sonríe, tiene facilidad para hacer reír a la gente. Quienes la conocen disfrutan de su compañía porque ella es bonita, agradable, con facilidad de palabra y habilidades innatas para conversar con la gente, pese a que se siente tímida por dentro.

Sus hijos la miran con admiración y le dicen que la aman y su esposo, a quien ella ama con locura, le dice continuamente que ella es el amor de su vida. Pero a veces ella suda frío, quiere llorar sin motivo y arma en su cabeza historias en las que vuelve a su infancia, siendo ya una adulta, y asesina a quien abusó sexualmente de su pequeño cuerpo de 5 años.

Solo su esposo sabe que su “locura” tiene rostro pero no nombre; ella solamente recuerda la cara del vecino que la violentó, de ese amigo de sus padres que la manoseaba, de ese primo hermano que la buscaba hasta que era adolescente para decirle que era linda y que se dejara “amar”.

Ella los odia y paladea el momento en que pueda volver en el tiempo y asesinarlos a los dos… mientras cuida a sus hijos y ama a su esposo, les cocina los fines de semana y miran películas juntos.

Solo su esposo sabe que la necesidad imperiosa que tiene de saber dónde y con quién están sus hijos a cada momento obedece a que ella es parte de las cifras que se ocultan en Ecuador. De esas que dicen que de cada 10 niñas 6 han sido abusadas de alguna manera antes de cumplir los 12.

Ella es parte de esas 6 pequeñas. Ella quiere tener los ojos siempre sobre sus hijos y no se los confía a nadie y se enoja cuando no los ve cerca. Ella sabe que los pederastas están en todo lado.

El abuso sexual en nuestros niños en Ecuador es un denominador común, pero ¿alguien sabe cómo es vivir con un adulto que ha sido abusado? ¿Los miedos, las pesadillas, las accesos de ira y la presión de cuidar de los suyos?

No, eso solo lo sabe su esposo. Él sabe que ella admira a la mujer maravilla, esa mujer de gran fuerza, de grandes poderes, esa reina de las amazonas que cuando hizo terapia era el único personaje que la protegía.

Ella siempre soñó que era ese personaje quien le haría justicia porque sus padres, quienes estaban llamados a  hacerlo,  
no pudieron. (I)

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