Apostemos que me caso

- 17 de junio de 2018 - 00:00

El 5 de agosto de 2013, Gabriela Correa y yo nos presentamos en el Registro Civil de Quito para solicitar un turno de matrimonio. Ante su negativa, interpusimos una acción de protección.

En marzo de 2014, la primera instancia negó la acción en los siguientes términos: “(…) cómo se explica la invocación de Dios en el Preámbulo de la Constitución, valores que son propios de una Constitución que responde aún, a una cultura conservadora y dominante que se debe ir superando. Sin embargo, no hay constitución sin valores y principios, y estos son de igual jerarquía (…)”.

Es decir, se ignoró el carácter laico del Estado y se sentenció con base en prejuicios religiosos.

La segunda instancia negó nuestra apelación argumentando que “Si bien los seres humanos deben ser tratados de forma igualitaria en cuanto a los derechos fundamentales, no deben serlo en todo aquello que se vean afectados por las diferencias que naturalmente existen entre ellos”. Es decir, para estos jueces las personas homosexuales somos seres diferentes que debemos tener leyes diferentes.

En diciembre de 2014, la Corte Constitucional admitió a trámite la acción extraordinaria de protección presentada por nosotras en junio de 2014, en contra de la sentencia de segunda instancia, para luego dejar en el olvido nuestro caso.

Sin embargo, en una decisión tardía pero histórica, el pasado 29 de mayo, la Corte Constitucional favoreció los derechos de la niña Satya para que sea reconocida legalmente como hija de Nicole Rothon y Helen Bicknell; incorporando y determinando dentro de la sentencia que la Opinión Consultiva OC-24, emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, adquiere el rango de norma constitucional.

Dicha opinión establece que “es necesario que los estados garanticen el acceso a todas las figuras ya existentes en los ordenamientos jurídicos internos, incluyendo el derecho al matrimonio, para asegurar la protección de todos los derechos de las familias conformadas por parejas del mismo sexo”.

Así, es solo cuestión de tiempo para que el matrimonio entre parejas del mismo sexo sea una realidad en Ecuador, yo espero y sigo en la lucha. (O)

Pamela Troya. Activista LGBTI, Vocera por el matrimonio civil igualitario

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