2010: La emoción es celeste

- 17 de junio de 2018 - 00:00

Un Barça sin Messi tuvo un resbalón inicial pero al final doblegó a todos, incluyendo a una Alemania que, con Ballack lesionado, apostaba por el recambio generacional, y a una Holanda que dejó afuera al Brasil de Dunga.

España fue a ganar, venció todos sus partidos de eliminación directa por la mínima, se entregó a la concentración, trabajó siempre de principio a fin con el preciso tiki-taka, y se consagró con un gol de Iniesta dedicado a Dani Jarque en una final en la que los holandeses, comandados por Arjen Robben, fueron particularmente violentos (la patada de Nigel de Jong a Xabi Alonso lo resume).

Si bien la selección de Vicente del Bosque demostró su superioridad, hubo otra que puso la emoción. La copa fue de España, pero el Mundial fue de Uruguay. Los uruguayos fueron a jugar con alegría, una alegría que iba en los pies de Diego Forlán y Luis Suárez.

Uruguay ganó el grupo A, en el que estaban Francia, México y Sudáfrica. En esta primera etapa brilló Forlán. En octavos, Suárez sentenció a Corea con dos goles. Pero el juego más emocionante del Mundial fue el de cuartos contra Ghana. Ellos tenían fuerza y técnica y habían llegado lo más lejos que una selección africana ha podido llegar. Muntari abrió el marcador, pero unos minutos después, Forlán convirtió un tiro libre de 40 metros.

Pero Ghana no paró de atacar, y entonces ocurrió una de esas cosas que producen todas las emociones.

Con Muslera en el piso, un jugador ghanés cabeceó al arco, donde dos uruguayos quisieron bloquear el balón con las manos. El que la tocó fue Suárez. Era penal y roja.

El delantero abandonaba la cancha entre lágrimas, pero, mientras se iba, Asamoah Gyan estrelló el tiro en el larguero. A Suárez le volvía la vida: Uruguay se salvaba por su travesura.

Desinflados, los de Ghana fallaron dos penales. El quinto tiro uruguayo era de Sebastián Abreu. Y fue otra descarga de intensidad, el loco hizo la cosa más estúpida y brillante que se puede hacer: patearlo a lo Panenka. Confiado en que el arquero se lanzaría a un lado, Abreu la picó con suavidad al centro y le dio a su país su momento más glorioso en la historia reciente de la Copa. (O)

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