1986: Diego toca el cielo con la mano

- 10 de junio de 2018 - 00:00

Los mundiales han servido para que los países tengan sus reivindicaciones. Sucedió en 1954, cuando alcanzó el trofeo una Alemania que llevaba 10 años condenada al ostracismo tras la Segunda Guerra Mundial. Sucedió con Brasil en 1958, ocho años después del Maracanazo. Sucedió con Italia en 1982, en un momento que el país de la bota sufría una serie de ataques terroristas. Y sucedió con Argentina en 1986.

El título de 1978 tenía una mancha: el mundial fue organizado por la dictadura de Jorge Videla. Para el Mundial de México 1986, Argentina ya tenía un presidente democrático: Raúl Alfonsín. El proceso de la dictadura (Videla, Viola, Galtieri y Bignone) había llegado a su fin, acelerado por la absurda guerra de Las Malvinas, en la que murieron más de 600 argentinos.

Esa breve guerra había estallado a la par del Mundial de 1982. Tanto en la delegación argentina como en la inglesa hubo gente que sufrió pérdidas.

Por eso, cuando cuatro años más tarde Argentina jugó los cuartos de final contra Inglaterra, no solo se trataba del pase a semifinales, no solo era la rencilla por el mal arbitraje contra los argentinos en 1966, había toda una nación esperando su reivindicación. Diego Maradona estaba en su mejor momento y nada le podía salir mal. Ni siquiera su gol con la mano.

Ese partido también era la revancha de Diego. Luego de quedar fuera de la convocatoria de Menotti en 1978, y de ser anulado a patadas por el italiano Claudio Gentile en 1982, Maradona estaba en plenitud de forma y la copa de México no se le iba a escapar.

En el minuto 51, con el partido sin goles, un centro dejaba al bajito Maradona frente al gigantón Peter Shilton. Diego sacó toda su picardía para empujarla, como si fuera con la cabeza, con la mano. Todos la vieron, menos el árbitro y el juez de línea. Cuatro minutos después vino “la jugada de todos los tiempos”, como calificó Víctor Hugo Morales a los que él mismo había llamado el “barrilete cósmico”: Diego se llevó a seis ingleses desde la mitad de la cancha para marcar el segundo. El descuento de Gary Winston Lineker solo le sirvió para asegurarse, con 6 tantos, como el goleador del torneo. Al técnico inglés Bobby Robson no le quedó más que resignarse: “Está bien, el primero lo marcó con la mano, pero el segundo valió por dos”. (O)

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