1978: El bigote de Mario Alberto

08 de junio de 2018 - 00:00

”No diga Kempes, diga gol”, decía un comentarista durante la Copa del Mundo de Argentina 1978. Mario Alberto Kempes era, junto a Ubaldo Fillol, el único sobreviviente de la selección argentina que había caído goleada por Holanda 4-0 en Alemania 1974. Con 6 tantos, Kempes fue el goleador del mundial de su país, pero la suerte no lo acompañó en la primera fase.

Aparejada en el grupo 1 con Italia (con Paolo Rossi), Hungría y Francia (con el joven Michel Platini), Argentina llegó clasificada a la última ronda, en la que perdió 1-0 contra la Azzurra, lo que dejó a la anfitriona en el segundo lugar y la envió al grupo B de la segunda fase, la “zona sudamericana”, donde también estarían Brasil, Perú y el agregado de Polonia.

Curiosamente, los tres grandes aspirantes al título no ganaron su grupo. Luego de empatar sus dos primeros partidos, Brasil venció a Austria en el último, pero no le alcanzó para arrebatarle el primer lugar. Holanda, por su parte, sufrió una derrota en el último partido contra Escocia que la dejó segunda, por debajo de Perú, con la que había empatado.

Pero el mayor problema de Argentina no era el grupo de la segunda fase, sino que Kempes, el delantero del Valencia que había sido el pichichi de la liga española en las dos últimas temporadas, no estaba marcando goles.

El técnico argentino César Luis Menotti, todo un filósofo del fútbol, tuvo que recurrir a una cábala: “Mario, ¿por qué no te afeitas el bigote, a ver si cambia tu suerte?”. Durante un viaje previo para verlo jugar en el Valencia, el técnico se había encontrado con un Kempes lampiño que no paraba de hacer goles.

Kempes hizo caso, y en el primer partido de la segunda fase, contra Polonia, marcó su primer gol. De hecho, fueron dos. Y con su nueva suerte, ya no paró. Marcó dos más en el famoso 6-0 contra Perú, y otros dos en la final contra Holanda.

Estos últimos muy significativos, sobre todo el segundo, que rompió la paridad en el tiempo extra. A los 90 minutos, Robert Rensenbrink estrelló en el palo lo que pudo ser el 2-1 para Holanda. “Se podía oír una gota caer”, recuerda Kempes. “Cuando Gallego despejó esa pelota, las gradas gritaron como si hubiéramos marcado”. Así, Argentina se convertía en el sexto campeón mundial. (O)  

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