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Ecuador/Dom.19/Sep/2021

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“Yaku: una larga espera”

15 de febrero de 2021 00:00

Tengo 41 años. A los 11 viví el primer levantamiento indígena de 1990, y en las elecciones presidenciales de 1996 Pachakutik quedó tercero con 20, 61 % de los votos para Freddy Ehlers. En 2002 Lucio Gutiérrez ganó la presidencia gracias a una alianza entre Sociedad Patriótica y Pachakutik, pero el presidente y su partido traicionaron los acuerdos y empezó lo que pensábamos sería la crisis más cruenta para el movimiento indígena, hasta que llegó la revolución ciudadana.

Lo que ahora llamamos correísmo nació en medio de esa crisis, cuando la CONAIE estuvo ausente por primera vez en las movilizaciones que derrocaron al presidente Gutiérrez en 2005, y en su lugar lideraron el hartazgo social los “forajidos”, jóvenes de clase media y alta de la ciudad de Quito.

En ese contexto, Rafael Correa, que había estado ajeno a la vida pública del Ecuador y daba clases en la Universidad San Francisco de Quito luego de pasar años fuera del país, empezaba a dar sus primeros pasos en el Ministerio de Economía del gobierno de Alfredo Palacio. Su título de PhD conseguido en Estados Unidos, le serviría años más tarde para montar un gobierno de tecnócratas también ajenos a la vida de un país que es más complejo de lo que se imaginaron en los despachos de los super ministerios.

En 2006 el triunfo de Rafael Correa significó la exclusión del movimiento indígena de la vida pública por parte del Estado. Transcurrieron diez años en los que la CONAIE y Pachakutik vieron los acontecimientos desde el margen, siendo victimas de represión y persecución. El Estado plurinacional sin indígenas, nació como contradicción en la misma Asamblea Constituyente en donde la tecnocracia estrenaba curules en un lujoso complejo en Montecristi. Para que no queden dudas, el presidente Correa en su discurso de clausura advirtió sobre los peligros del izquierdismo, el ecologismo y el indigenismo infantil.

El candidato Andrés Arauz ha puesto mucho esfuerzo en desmarcarse del estigma racista y autoritario de quienes lo apadrinan, lo quiso demostrar con su viaje a Bolivia cuando Luis Arce y David Choquehuanca asumieron el poder de ese Estado plurinacional, en donde se tomó muchas fotos con dirigentes sindicales campesinos e indígenas.

La posibilidad de que Yaku Pérez pase a segunda vuelta ha puesto en alerta al correísmo y al progresismo latinoamericano. Han optado por acusarlo de falso indio, porque su nombre es Carlos Pérez, porque tiene estudios y lo acompaña gente de clase media y alta. Yaku parece no entrar en el modelo de indio aceptable para quienes planifican revoluciones desde despachos llenos de tecnocracia. En los siguientes días se definirá la posibilidad de un recuento de votos para aclarar las dudas sobre la transparencia del proceso electoral.

Tengo 41 años y espero poder vivir en un Estado plurinacional de verdad. (O)

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