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Ecuador/Mié.28/Jul/2021

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Tuberculosis esa ladina endemia

18 de mayo de 2020 00:00

En tiempos de pandemia del coronavirus, nos olvidamos de la más cruel mortaja de la historia: la tuberculosis.

En las goteras de Santa Marta, Colombia, en la quinta San Pedro Alejandrino, se puede sentir el espíritu de Simón Bolívar, “tuberculoso universal”.  La tuberculosis llegó a su pico -curva de contagio llama la epidemiología- en el siglo XIX. Mató con tos y sangre en los pulmones y mil complicaciones a un billón de seres humanos en la historia. 

Solo en 2007 hubo nueve millones de casos en el mundo. El alemán Robert Koch logró con el apoyo de Erlich -futuros Nobeles de Medicina- por primera vez aislar el bacilo.

Violeta Válery -versión musical de Margarite Gautier, en la Dama de las Camelias de Dumas-, desfallece con su pañuelo enrojecido frente a Alfredo Germont, su inerme y sobrecogido amante, “en la ópera la Traviatta, de Verdi”; Tomas Mann, picado por el bacilo, decidió convalecer en los Alpes suizos, cuyo clima más benigno confundiera al germen.

Ese enorme libro, La montaña mágica, lo debemos a la tuberculosis del autor y a Davos.

La revolución industrial se llenó de tuberculosos, los obreros de la máquina.

Los grupos de bohemios ecuatorianos en torno a la generación decapitada fueron vulnerables tanto a la tuberculosis como propensos a la sobredosis y al suicidio.

Indios norteamericanos, inuit (esquimales) mineros informales, hoy siguen siendo vulnerables.

Tisis, phythysis en griego y consumtione en latín, tiene una antigüedad de 15 mil a 20 mil años. Hay evidencia de ella en huesos humanos del neolítico.

Herodoto menciona que un general de Jerjes se retiró de las batallas por ella, Hipócrates, Lucrecio, Plinio el Joven, Areteo de Capadocia, Maquiavelo la citan.

En quechua se la llama chaky onkay. Se han encontrado evidencias desde Sonora a Nazca. El nombre moderno tuberculosis lo propuso el médico de Zurich, Schöenlein, por los tubérculos de los pulmones afectados.

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