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Ecuador/Dom.19/Sep/2021

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Sobre mentiras y elecciones

23 de febrero de 2021 00:00

Alrededor de los estudios de comunicación política se ha enfatizado últimamente en una "nueva" tendencia que incide en los resultados de los comicios electorales: las noticias falsas o fake news. Si bien se puede creer que este fenómeno es reciente, no lo es: la información a medias, las mentiras, han sido siempre un problema.

Socrátes, de hecho, ya se preocupaba por el riesgo que representaban los sofistas: supuestos hombres sabios que engañaban a la gente mediante presuntas verdades. Argumentaba que, en la antigüedad, las personas caían ante su facilidad de palabra (retórica emocional), su capacidad de persuasión y, sobre todo, daban validez a sus argumentos por una apariencia de autoridad. Hoy, vemos que las cosas no han cambiado mucho... 

En redes sociales, gran parte de la información falsa que compartimos los usuarios proviene, justamente, de supuestas autoridades, medios o líderes de opinión cuyo criterio coincide con el nuestro. Este último punto es clave. La información falsa tiene tanta efectividad y viraliza, en la medida que reafirma prejuicios, miedos y creencias (datos que se recopilan fácilmente por efecto de la huella digital); y cuando algo contradice nuestro punto de vista, lo silenciamos, minimizamos o le restamos valor.

Las fake news poseen tanto impacto porque su conexión es emocional: si algo ratifica mis convicciones, debe ser cierto. Y esto no sólo opera a nivel informativo. Los vínculos que establecemos con marcas, instituciones, figuras públicas o personas, responden a un plano sentimental; lo racional viene después, cuando se buscan los argumentos lógicos para justificar una creencia.

¿Ejemplos? "Nos convertiremos en Venezuela", "recuperaremos el país", "se acabará con la dolarización", "derrotar a los responsables del feriado bancario"...

Este escenario explica por qué ignoramos ciertas posturas incluso cuando con pruebas nos demuestran lo opuesto a lo que pensamos. En elecciones, este fenómeno se visibiliza aún más: cuántos son los electores que votan por un candidato por la emoción que despiertan. Cuando se les pregunta por sus razones, manifiestan algún motivo que pocas veces se enmarca en las propuestas de campaña. 

Hoy, seguimos páginas, perfiles, noticias que confirman lo que ya se piensa. Un verdadero problema. ¿Qué hacer al respecto? El gran desafío actual está en revertir la situación de polarización en favor de una comunicación, de una ciudadanía, de una democracia plural, inclusiva y comprometida con la verdad. 

 

 

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