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Ecuador/Dom.9/May/2021

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Repensando el sistema penitenciario

11 de marzo de 2021 00:00

Originalmente, “las cárceles” fueron diseñadas como instituciones y espacios en los que los Estados pretendían separar o aislar del resto de la sociedad a las personas que habían delinquido y por lo tanto debían cumplir con una condena. Esta noción apunta a prevenir que estas personas continúen atentando contra la paz social, y de esta manera, se pretende garantizar la seguridad para el resto de ciudadanos.
Son evidentes las falencias que han existido y hay en cuanto a la propia existencia, naturaleza y objetivos de las prisiones, así como los cuestionamientos sobre su administración. Ecuador no ha sido ajeno a ellas, las mismas que se han hecho evidentes por las masacres recientes en centros penitenciarios.
En nuestro país, el sistema penitenciario debió haberse construido a partir de políticas estatales claras, que lo conviertan en un sistema de servicio. Nuestra propia Constitución señala que el sistema de rehabilitación social es un mecanismo encaminado a la rehabilitación integral de las personas sentenciadas penalmente, para su reinserción en la sociedad y la protección de sus derechos. Este diseño privilegia el desarrollo de las capacidades de las PPLs, para que puedan hacer efectivos sus derechos y cumplir sus responsabilidades una vez que recuperen la libertad.
La situación que atraviesa el sistema de rehabilitación social ilustra la fragilidad generalizada de las instituciones de nuestro país. Ante las evidentes fallas del mismo es imperativo adoptar soluciones de carácter estructural. En este sentido, es imprescindible que el Estado adopte medidas en aras de garantizar los derechos humanos de las PPLs, de cara a crear condiciones mínimamente adecuadas de detención que impidan el hacinamiento y la violencia en los centros, erradicando las dinámicas asimétricas de poder, que hoy refuerzan el abuso de los fuertes sobre los débiles, y replican las nociones de separar y castigar a los “malos de los buenos”.
Al menos de momento, las perspectivas abolicionistas en torno a la privación de libertad como medida de sanción todavía resultan utópicas, de manera que las cárceles seguirán siendo un mal necesario. Por ello, no basta la creación de normas que en papel aseguren su adecuado funcionamiento; además se requiere acciones positivas desde el Estado, encaminadas a construir una reforma penitenciaria integral, que sea capaz de asegurar una verdadera rehabilitación y posterior reinserción de las PPLs en la sociedad, una vez que cumplan con su condena. Así, es fundamental repensar en medidas de trabajo comunitario, revisión y reducción de las penas, mejora de condiciones de vida al interior de las prisiones y, sobre todo, privilegiar las estrategias de  prevención  de la delincuencia, sobre el incremento del castigo.