El Telégrafo
El Telégrafo
Ecuador/Mar.28/Sep/2021

Política

Tendencias
Historias relacionadas

La fuerza de los marginados

28 de febrero de 2021 12:37

Una nueva película surcoreana refresca a la ciencia ficción con una temática social: representa el rol de los marginados, en el contexto de las sociedades altamente desarrolladas. El filme es Barrenderos espaciales (2021) de Jo Sung-hee, una aventura espacial, un space opera, y un drama que alude a la responsabilidad de crear armas de destrucción masiva –aunque esto suene paradójico–.

Barrenderos espaciales es de las pocas películas que pone en primer plano a sectores sociales desplazados por el sistema. Casos anteriores serían los filmes del sudafricano Neill Blomkamp: Distrito 9 (2009), Elysium (2013) y Chappie (2015). Se puede decir que en estas cintas el tema social excede a los dramas personales del típico cine de ciencia ficción donde lo existencial o lo individual disfraza alguna pretensión por recuperar el poder. El cine social más bien se aboca a la representación de las preocupaciones de quienes están fuera de los límites del poder, enfrentándolo, poniendo énfasis en que todo proyecto social no es obra de supuestos líderes, sino de la fuerza de la gente común.

¿Cuál vendría a ser la particularidad de la película surcoreana que comento y que se puede ver en Netflix? Su título lo preanuncia: Barrenderos espaciales –aunque en coreano sería “La nave espacial Victoria”–. Sí, se trata de recolectores de basura, cuya función es obviada u olvidada. Y, además, un grupo de barrenderos dirigen una unidad que en efecto se llama “Victoria”.

La película sitúa la acción en un futuro próximo-lejano. La Tierra está sobrepoblada y su atmósfera viciada. Mientras el grueso de la población terráquea sobrevive de lo que puede, gracias a una industria que clona los productos, otro grupo, de privilegiados con alto poder adquisitivo se han ido a radicar en una tierra artificial fuera de la estratósfera terráquea. Si se quiere, el panorama descrito extrema lo que ya planteaba Elysium: dos mundos incomunicados, es decir, uno de pobres que sueñan con ir al entorno altamente tecnologizado de los ricos, y el otro, de poderosos que además están proyectando moverse a Marte, cuando se haya terraformado tal planeta.

Los barrenderos en realidad recogen los desechos que se esparcen alrededor de la atmósfera terráquea y su exterior. Tratan de que tales desechos no constituyan amenaza alguna para ese mundo artificial externo construido por un científico y activo planificador del “nuevo futuro” de la humanidad. Hasta acá el retrato de la división social que, aunque suene demasiado maniqueo, identifica lo que se vive hasta ahora con la globalización y el capitalismo tardío. Así, Barrenderos espaciales pone en otro plano la radical división social, la ominosa diferencia no entre clases, sino entre formaciones sociales especializadas: aquellos que están ligados al conocimiento científico o experto, frente a los que tienen solo para sí el saber de la utilización de máquinas.

Sin embargo, lo que está en medio en la trama de la película es un arma de destrucción masiva. Con la imagen de una inocente niña, en realidad estamos ante un ciborg cuya función vendría a ser, si se la tiene, si se la usa, la destrucción de la Tierra, o, mejor dicho, la eliminación total de ese mundo de pobres. La película denuncia la idea de que la utopía social es solo posible en manos de tecnócratas, de tecnocientíficos que por fin concretarían el sueño de sectores sociales con alto poder económico.

La cuestión de representar como fuerza antihegemónica a los barrenderos resulta un tanto novedosa en el cine de ciencia ficción. Nos concientiza que unos son los discursos de los políticos y otro el quehacer de la gente, de las colectividades, sin cuya fuerza, sin cuya potencia aquellos no podrían aspirar siquiera a una pastilla para el dolor de cabeza. Barrenderos espaciales, sin embargo, no es ejemplo de cine socialista, sino de un cine industrial que, desde su mismo origen, critica al capitalismo contemporáneo exacerbado para hacernos reflexionar o que nos inquietemos un poco.

Te recomendamos

Contenido externo patrocinado