Historia de la guerrilla colombiana. FARC (Segunda parte)

06 de marzo de 2021 00:00

La reunión clandestina, celebrada entre los días 25 de abril y 5 de mayo de 1966, marcó oficialmente el nacimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, con 350 hombres que conformaron el núcleo inicial del nuevo movimiento guerrillero, contando entre sus filas con jefes de origen campesino: Ciro Trujillo, Jacobo Prías Alape, los hermanos Guaracas, Isauro Yosa (Líster), Raúl Valbuena (Baltazar), el infaltable Pedro Antonio Marín- Manuel Marulanda-Tirofijo y Jacobo Arenas, un exdirigente sindical y eje intelectual del movimiento.

Entre 1966 y 1982, el crecimiento de las FARC fue limitado; sin embargo, entre avances y retrocesos, los jefes guerrilleros fueron construyendo nuevas estrategias comunistas y diseños de fuerza, contando con la incorporación de gente urbana como obreros, intelectuales, estudiantes, médicos, abogados, maestros, sacerdotes. En este sentido, su misión del “cambio social en Colombia”, no dejó de tener un doble contenido: la interpretación romántica de su filosofía y el paso libre a la violencia rural y urbana.

En cuanto a su designación de “narcoguerrilla”, esta fue acuñada por el embajador Lewis Tambs, en 1984, a raíz del descubrimiento de una planta procesadora de cocaína en el Guaviare. Allí fueron halladas diez toneladas del alcaloide pertenecientes a narcotraficantes de Antioquia. Con esta evidencia, se pudo comprobar que esta planta estaba protegida por las FARC.

En 1985, en el Pleno del Estado Mayor de este grupo irregular, se establecieron tres objetivos a cumplir: a) Crecer en número de combatientes y nuevos frentes en todo el país. b) Controlar la Cordillera Oriental y el cerco de la capital de la República. c) Crear un gobierno provisional de corte marxista leninista que inmovilizara al Ejército y Policía Nacional.

De los tres objetivos, el primero fue el más exitoso debido a que el Secretariado General supo elaborar y ejecutar estrategias económicas a largo plazo, lo que les ha permitido sustraer grandes capitales para solventar las “necesidades de la guerra”.  Esta capacidad de autofinanciamiento se hizo visible a partir de la década de los 80, cuando su intromisión intimidatoria en las economías regionales hizo que sus “arcas fiscales” vayan creciendo  mediante el asalto, el abigeato (actividad propia de los cuatreros), el secuestro, la extorsión, la imposición de “vacunas”, el servicio de vigilancia, la intervención en el proceso de narcóticos, extracción de oro, agricultura, ganadería y… ¿política?

En términos económicos, un secuestro jugoso lograba abrir un nuevo frente, tomando en cuenta que el Secretariado imponía metas mínimas anuales por cada frente, asignando premios al frente o frentes que superaban aquellas metas. De allí que, en la década de los 90, sus mayores ingresos venían del narcotráfico (54 %) y del secuestro (36%); así, esta capacidad de obtención de capital les ha permitido acceder libremente al mercado negro internacional de armas y demás pertrechos.

Una de las descripciones gráficas más acertadas sobre las FARC es la de Alejandro Santos Rubino: “Colombia está frente a una especie de Frankenstein con barbas de revolucionario, bolsillos de narco y alma de terrorista”. Efectivamente, las FARC merodearon pueblos y ciudades en torno al mito de la justicia social, el narcotráfico y el terrorismo, teniendo como estereotipo base el término de “combatientes”.

Los intentos de negociar la paz ya fueron emprendidos hace varias décadas desde la misma presidencia de la República, incluso Andrés Pastrana concedió a las FARC una zona de distensión de 42 mil kilómetros cuadrados. Para el nuevo siglo, en Oslo o en La Habana, la esperanza de paz seguía alimentándose de imposibles, hasta que se logró la firma del Acuerdo de Paz y la Terminación del Conflicto el 24 de noviembre de 2016, entre el presidente Juan Manuel Santos y los jefes narcoguerrilleros. Pero… ¿Será posible que las decenas de miles de guerrilleros de las FARC, más sus familiares, ubicados cronológicamente en dos o tres generaciones, y que por décadas han dedicado su vida al delito; logren, de la noche a la mañana, integrarse a la sociedad con francas demostraciones de honradez y seguridad? ¿Qué pasa con los residuos?... El expresidente Álvaro Uribe dijo alguna vez: “la culebra ya se hizo grande”.

 

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