Historia de la guerrilla colombiana. ELN (Tercera parte)

13 de marzo de 2021 00:00

La efervescencia de la Revolución Cubana hizo que un grupo de jóvenes becarios colombianos recibieran entrenamiento político-militar en la Isla. Figuraban entre ellos Favio Vasquez, Víctor Medina y Ricardo Lara, quienes militaban en la Juventud Comunista, JUCO, y el Movimiento Revolucionario Liberal, MRL. Mientras disfrutaban de la beca revolucionaria, estos jóvenes colombianos organizaron en La Habana la Brigada Pro Liberación José Antonio Galán, en el mismo año de la “crisis de los misiles”, 1962. A su retorno a Colombia, fortalecieron  relaciones con los líderes del MRL, con quienes llevaron a cabo un ataque con explosivos al Club de Comercio de Bucaramanga, en solidaridad con los campesinos de Marquetalia. 

Sería en el mes de julio de 1964, cuando formaron la primera célula guerrillera en las montañas del departamento de Santander, empezando con los entrenamientos político-militares en zonas campesinas y en la universidad de Bucaramanga. Pero fue el 7 de enero de 1965, día en el que nació el Ejército de Liberación Nacional, ELN, con su bandera rojo y negra. En ese día, un grupo aproximado de 30 guerrilleros –incluido una mujer, Mariela González alias Mona Mariela- tomaron por asalto la población santandereana de Simacota y asesinaron al sargento de la Policía y dos agentes. Aparte, saquearon el almacén de la Caja Agraria y robaron mercancías de otros almacenes como “aporte a la revolución”, de acuerdo al discurso pronunciado a los pobladores que fueron reunidos en la plaza central, con el objeto de transmitirles el Manifiesto de Simacota cuyo mensaje central era: la lucha armada por la liberación de Colombia, la toma del poder por las clases populares, la nacionalización de las industrias y la formación de un ejército popular permanente.

Por sobre Vásquez, Medina y Lara, tuvo mayor trascendencia el sacerdote, sociólogo y profesor universitario Camilo Torres Restrepo (1929-1966), hijo de la burguesía bogotana que luego de su ordenación, en 1954, viajó a Lovaina-Bélgica para estudiar Sociología. En 1959 apareció en su tierra natal como fundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional; empero, su inclinación por la lucha armada superó la vocación religiosa, manifestando que “soy revolucionario, colombiano, sociólogo, cristiano y sacerdote”. Sus ideales basados en el marxismo leninismo fueron muy grandes, pero el camino recorrido en el ELN fue muy corto ya que, pasados varios meses de entrenamiento subversivo en las filas del ELN, participó en una emboscada contra soldados del Ejército en las cercanías del municipio de San Vicente de Chucurí, donde murió junto a cuatro de sus compañeros. Esta fue su primera y última acción de guerra.

A partir de 1965, el crecimiento sedicioso de los elenos vino paralelo a los ataques de las FARC y del Ejército Popular de Liberación, EPL. Entre indisciplinas y contradicciones, el ELN tomaba caminos en zigzag: subía y bajaba el número de guerrilleros entre asaltos a puestos militares y policiales; ampliación del movimiento subversivo a zona urbana; extorsiones; asesinatos,  como al general Ramón Rincón, comandante de la V Brigada de Bucaramanga; secuestros, como el de Camila Sarmiento, hija de un acaudalado importador de licores, de Jaime Betancur, hermano del mismo presidente Belisario Betancur, de Ignacio de Torquemada, francés, miembro de la organización internacional Médicos Sin Fronteras, MSF, o del empresario taurino español Pablo Martín Berrocal, en territorio ecuatoriano...

A raíz de la liberación de 35 presos políticos del ELN, a inicios de los años ochenta del siglo pasado, nacieron las intenciones de unos diálogos de paz entre los elenos y el Gobierno colombiano, asunto que tomó fuerza en la siguiente década con el presidente Samper, quien atendió en su primer año de mandato 66 comunicaciones sobre el tema de paz, teniendo como base la adhesión de Colombia a los convenios de Ginebra sobre los conflictos armados, a pesar de que estas gestiones y documentos no frenaron sus vínculos con el narcotráfico y los actos de violencia y destrucción provocados por los 70 frentes guerrilleros del ELN: la explosión de un tramo del oleoducto en Antioquia, donde perdieron la vida 84 personas; el secuestro de un avión Fokker 50, con 5 tripulantes y 46 pasajeros; la destrucción de 200 torres de conducción de energía eléctrica; el atentado terrorista en la Escuela de Cadetes de Policía, Bogotá, con un saldo de 22 muertos, entre ellos una cadete ecuatoriana…

Los procesos de paz entre el ELN y el Gobierno colombiano siguen caminando, con el  oficio de países amigos y facilitadores del proceso: Francia, Cuba, España, Noruega, Suiza, México, Ecuador, sin que falten Cuba y Venezuela. Caminan y Caminan por un sendero pantanoso en busca de la paz, especialmente entre los meses de diciembre y enero, cuando se da una tregua por Navidad y año nuevo, al tiempo en que publican sus artículos revolucionarios y “victoriosos” en sus revistas panfletarias: Insurrección, Sí futuro, Colombia Rebelde y Simacota.

Los elenos viven y seguirán viviendo bajo el manto piadoso de buscar la paz, mientras pactan y luchan bajo la atmósfera del narcoterrorismo. A este respecto, viene el nombre de guerra de uno de sus últimos jefes: Uriel, nombre de arcángel. Murió abatido por el Ejército en el departamento del Chocó, lado occidental colombiano, el pasado octubre de 2020. Sobre este jefe insurgente, se presume que apoyó a la campaña del actual candidato Arauz con una suma de 80 mil dólares. En semanas anteriores, el líder de la Fiscalía colombiana entregó a nuestra Fiscal evidencias físicas y digitales sobre el ELN y sus vínculos con el ámbito delictivo empleado en territorio nacional.

Para el Ecuador, o para los que amamos el Ecuador, no esperamos solamente informes. Esperamos decisiones. Decisiones políticas.