El Telégrafo
El Telégrafo
Ecuador/Mar.28/Sep/2021

Política

Tendencias
Historias relacionadas

Ciudades post pandemia

04 de marzo de 2021 00:00

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III -Quito 2016) generó una “nueva agenda urbana” orientada a resolver los complejos desafíos que plantea el acelerado proceso de urbanización en el mundo. En este sentido, las ciudades poseen un potencial inmenso para generar innovaciones y una poderosa capacidad para impulsar cambios positivos, como disminuir la pobreza y procurar una menor desigualdad social al ser inclusivas y sostenibles. Esta nueva agenda planteaba crear un vínculo entre urbanización y desarrollo mediante una adecuada planificación y diseño urbano, gobernanza y legislación urbana, y mejor gestión en la economía de la ciudad.

A partir de allí, el debate previo a la pandemia tenía varias propuestas, siendo una las más interesantes aquella que plantea planificar una “ciudad de proximidades”, una “ciudad de 15 minutos” (Moreno C., 2020), de distancias cortas, multicéntrica, que permita accesibilidad inmediata a servicios esenciales cuya movilidad privilegia sistemas de transporte más amigables como ir a pie o en bicicleta. Esta proximidad debe observarse en varias funciones sociales fundamentales: vivienda, educación, abastecimiento, salud, educación, trabajo y el ocio, con lo cual se construye una nueva relación de espacio-tiempo urbano con una mejor calidad de vida en las ciudades. ¿Cómo afectó la pandemia a este debate? No mucho ya que lo hace aún más pertinente. Si resaltar que aceleró la incorporación a la vida cotidiana del teletrabajo, con la consecuente menor movilidad y uso del automóvil privado, aspecto clave en esta propuesta.

Ahora bien ¿es factible esta concepción de proximidades en nuestras ciudades? Sí, pero es más complejo. Bastaría agregar un solo factor socioeconómico muy particular nuestro para reflexionar al respecto: la masiva presencia de la informalidad laboral en la economía de las ciudades que privilegia el comercio minorista y se localiza donde hay concentración de personas (contrario a la gestión de la crisis sanitaria) que permite ventas de supervivencia. Esta estructura productiva y estratificación social limita aplicar el teletrabajo en pocos sectores y concentrado en pocas ciudades, lo que conlleva a ampliar las profundas desigualdades sociales y territoriales que limitan el acceso a la educación, salud, espacio público, internet, etc. No obstante, estas deficiencias estructurales no invalidan la necesidad de desarrollar un debate apropiado a nuestras realidades urbanas, sino más bien la hacen más urgente e imperiosa. La gestión futura de nuestras ciudades va a requerir un cambio de paradigma ¿Acaso nuestros alcaldes - en especial de las ciudades principales – lideran un debate sobre planificación urbana post pandemia? (O)

Te recomendamos

Contenido externo patrocinado