La privacidad poscovid-19

30 de noviembre de 2020 00:00

Red de politólogas


¿Qué ha pasado con nuestra privacidad este año?  ¿Dónde está ese ámbito en donde se privilegia nuestra libertad de pensamiento y decisión? Los retos a la privacidad que se plantearon con el arribo de las nuevas tecnologías desde finales del siglo pasado, ahora resultan casi anodinos ante el uso de las redes sociales a las que cedemos nuestros datos personales, con el sólo ánimo de ser visibles en el mundo etéreo y casi infinito del ciberespacio.

La tradicional separación jurídica entre lo privado y lo público surgida con el Estado liberal, pareciera diluirse a pasos agigantados hasta su extinción.Y para alimentar el, aún todavía fragmentado Big Data de la humanidad, llegó la pandemia de covid 19, cuyo confinamiento mundial avasalla nuestros últimos vestigios de privacidad: nuestros hogares, estados de ánimo, incluso nuestros defectos, quedaron expuestos abruptamente al espectador virtual, el cual se multiplicó exponencialmente como el virus. Hasta nuestro ordinario espacio doméstico se ha transformado en un dato más para las innovadoras estrategias del marketing digital.

El Estado hizo lo propio. Corea y China, seguidos por Rusia e Israel encabezaron el uso obligatorio de aplicaciones tecnológicas con geolocalización para trazar la ruta del virus, a través del monitoreo permanente de sus gobernados. México y Ecuador también han impulsado estas aplicaciones. Si bien en México solicitaron el acompañamiento de la autoridad garante, se desconoce el tratamiento que recibe dicha información. En Ecuador el problema es aún mayor porque aún no cuenta con Ley en la materia que regule la protección de los datos personales.

Si bien todas las leyes en la materia coinciden en que el tratamiento de nuestros datos debe ser el mínimo requerido, y más amplio sólo ante un peligro justificado, cabe preguntarnos hasta donde se está salvaguardando nuestra  privacidad, y en consecuencia, ese espacio íntimo de libertades, so pretexto de evitar que se colapsen los sistemas de salud y la economía.

Cabría preguntarnos si nuestros temores no están alimentando un Leviatán que, a diferencia del que nos referenciaba el filósofo Hobbes, nos conocerá de tal forma, que le habremos cedido libertades fundamentales, antes incluso, de darnos cuenta de ello.