El sufragio facultativo de los jóvenes requiere mayor atención

- 24 de marzo de 2019 - 00:00
Desde su habilitación para los comicios, los adolescentes forman parte del denominado voto joven, que incluye a los ciudadanos hasta los 29 años.
Archivo / ET

De los más de 13 millones de ecuatorianos aptos para ejercer su derecho al voto en las elecciones seccionales de hoy, alrededor del 5% (676.401 personas) son chicos de 16 a 17 años, según cifras basadas en el padrón de 2017.

La Constitución de 2008, a través del voto facultativo, amplió el derecho al sufragio para adolescentes, extranjeros (con requisitos) e integrantes de la fuerza pública.

De los más de 13 millones de ecuatorianos aptos para ejercer su derecho al voto en las elecciones seccionales de hoy, alrededor del 5% (676.401 personas) son jóvenes de 16 a 17 años, según cifras basadas en el padrón electoral de 2017, publicadas por el Consejo Nacional Electoral (CNE).

Desde su habilitación para los comicios, este grupo etario forma parte del denominado voto joven, que incluye a los ciudadanos de hasta los 29 años, según los parámetros que sobre juventud maneja el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Aunque su voto es optativo y han demostrado desinterés en comicios anteriores, los adolescentes son un segmento electoral importante que las organizaciones políticos deben atender para cautivar el suelo electoral en el futuro, señalan especialistas.

Daniela Orrantia, coordinadora de la carrera de Ciencias Políticas de la UCG, considera que la lógica detrás de otorgar la posibilidad de votar a los jóvenes a partir de los 16 años, responde a que este grupo llegará a la mayoría de edad durante el período de mandato de las dignidades electas.

“Es decir, un joven de 16 o 17 años que vote en estas elecciones seccionales, alcanzaría la mayoría de edad en la mitad del mandato 2019-2021, por ende, sus intereses deben ser representados”.

Otra razón por la cual se le otorgó el voto a menores de esas edades, dice, fue para fomentar su involucramiento cívico ciudadano a temprana edad. Sin embargo, no se ha investigado a profundidad cuál ha sido su efecto en el sistema político ecuatoriano.

Por ejemplo, destaca, no se ha atendido con profundidad preguntas como: ¿Cuál ha sido el impacto del voto joven en los resultados de las elecciones nacionales y seccionales desde 2008? ¿Qué tanto impacto puede tener su participación en el resultado o cómo influye en la planificación de una campaña?

“Este tipo de estudios son propios de la política comparada, el análisis político electoral y, obviamente, terreno fértil para la consultoría dedicada a dirigir campañas”.

Julieta Herrería, docente investigadora de la UCG, explica que para evaluar la capacidad de elección de los menores de 16 y 17 años que ejercen su derecho al voto, hay que acudir a características concretas de esa población.

“Tendríamos que saber si tiene suficiente habilidad lectora (capacidad para relacionar un texto con otro). También habría que analizar los planes de estudio que se imparten en la educación primaria, secundaria y bachillerato. En concreto, los contenidos sobre el sistema político ecuatoriano y conocimientos básicos de política”.

No obstante, afirma que el país no dispone de las suficientes estadísticas para dar una respuesta concreta y objetiva. “De todos modos, debemos considerar que la mayoría de las campañas electorales en Ecuador son manejadas de forma popular porque apelan a los sentimientos, mientras que el análisis de las propuestas de campaña pasan a plano secundario”.

Herrería agrega que los grupos de edad más jóvenes son sentimentalmente más inestables y están en una fase muy temprana de la vida.

Eso los hace más vulnerables pero, en comparación con otras franjas de edad, también cuentan con más ventajas, como su habilidad para acceder a la información a través de las nuevas tecnologías.

Orrantia resalta la necesidad de mayor información relacionada con planes de gobierno de los candidatos para que los ciudadanos elijan, según sus intereses. “Pero no asumamos que los jóvenes de 16 a 17 años no tienen suficiente conciencia política para ejercer su voto”. (I)

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