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“Los militares se han visto como una reserva moral de los ecuatorianos”

La tensión y el juego político desbordan la institucionalidad débil y genera soluciones improvisadas.
13 de diciembre de 2020 00:00

Ha sido periodista de larga trayectoria en medios de comunicación nacionales e internacionales. Es director ejecutivo del Comité Empresarial Ecuatoriano y de la Asociación Ecuatoriana de Empresas de Medicina Prepagada, además fue presidente fundador de la Cámara Binacional de Comercio Ecuador-México. También es integrante de la Academia Nacional de Historia del Ecuador.

Roberto Aspiazu escribió una trilogía de la historia nacional: el primero fue “Crónicas de la historia”, el segundo “Hechos y personajes”, y el tercero “Memorias del ayer”.

Este Diario conversó con Aspiazu sobre su último libro y los temas recurrentes a lo largo de la historia nacional, por ejemplo, la inestabilidad política, la presencia de los militares, los caudillos, la Asamblea que no deja gobernar a los mandatarios, las consultas para aprobar o no al gobierno de turno, la corrupción y el ajuste económico.  

Hay rasgos comunes en la historia de Ecuador que usted narra en su libro. Por ejemplo, durante década de los 30, hubo 16 gobiernos, es decir, uno cada ocho meses como promedio; tres civiles y 13 militares.

Es una época de inestabilidad política.  Hubo varias caídas, Ayora en 1931, la muerte de Aurelio Mosquera Narváez en 1939, que significó un interinazgo, primero de Arroyo del Río, quien le dejó el poder a Andrés F. Córdova. Hicieron la movida de establecer un estatuto electoral con el cual se necesitaba un registro previo para votar. De esa manera, se hizo el fraude a Velasco Ibarra, él se quejó, pero ganó la movida técnica.

Esa inestabilidad también se evidenció en los gobiernos de Abdalá Bucaram; Jamil Mahuad y a Lucio Gutiérrez. ¿Es muy fácil salir a la calle y sacar a un gobierno que no nos gusta?

Las tensiones y el juego político desbordan a una institucionalidad, que es débil, y obligan a tener soluciones improvisadas respecto el ejercicio del poder. Eso genera un factor de inestabilidad que no contribuye al desarrollo del país. Finalmente, hay expectativas negativas que no favorecen el desempeño de la economía ni del crecimiento económico. Sin embargo, todos coinciden, izquierda y derecha, que eso debe ser el gran movilizador de la sociedad en términos de bienestar.

La única salida es fomentar el desarrollo y el crecimiento para salir adelante.

¿Por qué siempre están presente los militares?

Los países sudamericanos nacieron con gobiernos democráticos y liberales en escenarios de revoluciones, que significaban guerras civiles. La presencia militarista fue muy poderosa, en Ecuador hubo un intento para zafarse de ese protagonismo con la revolución Marcista en 1845. Se enfrentaron las fuerzas opositoras con las de apoyo a Juan José Flores, quien era el jefe del ejército.

Los militares siempre acompañaron de una manera o de otra el quehacer político, eventualmente en forma velada: cuando había problemas del poder y numerosos intentos de golpe de estado, que fue una característica del siglo 19 y de buena parte del siglo 20.

En la década de los 30, los militares se convirtieron en árbitros del poder, no como grandes caudillos sino en forma institucional. Esa fue una de las características importantes de la revolución Juliana de 1925, e inclusive procuraron tener gobiernos colegiados. Eso es algo único en la historia de Ecuador. Había un grupo de civiles, pero supervisados por una junta militar para mantener los objetivos trazados en la revolución.

Los militares le pisaban los talones a Velasco Ibarra. ¿Por qué?

Siempre había militares encima de los civiles, eso pasó con Velasco Ibarra, quien tuvo dolor de cabeza con ellos y bregó continuamente contra sus intentonas golpistas.

Su primera presidencia, de 1934 a 1935, se cayó por los militares que apresaron al presidente de la República y lo obligaron a renunciar. En su segundo gobierno, el ministro de Defensa derrocó a Velasco Ibarra, el 23 de agosto de 1947, y lo desterró a Chile.  En su tercera presidencia, los militares quisieron sacarlo del poder, pero Velasco logró sobrevivir gracias a su ministro de Gobierno, Camilo Ponce.

En su cuarta presidencia, una facción de las Fuerzas Armadas depuso a Velasco en 1961. Pero reconocieron a Arosemena como primer Mandatario.  

En la última presidencia de Velasco otra vez los militares hicieron un golpe de Estado. Velasco, era un dictador, que tenía una particularidad: no pretendía quedarse en el poder ni un día más para lo que había sido elegido en las urnas. Eso ocurrió en febrero de 1972, aunque Velasco había anunciado elecciones generales, y el favorito era Assad Bucaram.

Pero Jaime Nebot Velasco armó toda la parafernalia, dijo que Bucaram no era ecuatoriano sino libanés, nunca se pudo confirmar. Era hijo de padre y madre libaneses y migrantes.

Ecuador siempre se ha mantenido bajo la tutela militar, en años 60 tuvimos una dictadura, del 63 al 66, después llegó Guillermo Rodríguez Lara y el triunvirato que condujo el retorno al orden constitucional.

También hay uniformes verdes en el período de regreso a la democracia.

En 1997, en la caída de Abdalá Bucaram, los militares terminaron de árbitros y dieron el visto bueno para deslegitimar una transición que fue bastante forzada. Aprovecharon un vacío en la Constitución y defenestraron a Bucaram, se posesionó a Rosalía Arteaga, la vicepresidenta, de manera provisional. El Congreso eligió presidente interino a Fabián Alarcón y esa solución fue por el lado de los militares.

Tres años después ocurrió lo mismo con Jamil Mahuad. Ecuador terminó con un triunvirato ad hoc, improvisado y posesionaron a Gustavo Noboa en el Ministerio de Defensa. Los militares decidieron que se requería una solución al caos institucional democrático desbordado por los acontecimientos.

¿Qué pasó con Rafael Correa?

Se modificó la relación, Correa trató por todos los medios ejercer un control mayor en las Fuerzas Armadas y en la Policía Nacional. Finalmente, hubo muchos grupos disidentes uniformados que no coincidían con la visión del poder total del correísmo para trasladar a los institutos armados. Eso sirvió para rescatar la democracia en el país desde 2017.

Hay otro común denominador a lo largo de la historia nacional: los caudillos. ¿Por qué ganan las elecciones?

Los caudillos, supuestamente, comparten las aspiraciones populares respecto a un cambio, a generar una vida mejor para los electores, sus familias y el pueblo ecuatoriano. De esa manera, ellos irrumpen en la vida nacional y su poder no se termina con sus mandatos. Por ejemplo, ¿cuántas veces le consideraron a Velasco Ibarra un cadáver político? Recordemos que a él se le acuña la famosa frase: “Dadme un balcón y será presidente” (1943). Y lo cumplió.

El caudillo tiene una proyección mesiánica, de alguien que cambiará el país y así surgieron las figuras: Rocafuerte a su manera fue un caudillo, luego Flores, Urbina, García Moreno, Veintimilla. Él fue popular y la historia no lo recoge así porque quiso quedarse en el poder y Juan Montalvo lo estigmatizó en sus Catilinarias.

En los años 30 destacan caudillos militares: Enrique Gallo, Carlos Mancheno, Marcos Gándara, figura protagónica en el primer triunvirato. Los militares se han visto como una reserva moral de los ecuatorianos y frente a la lucha de los partidos ellos están ahí para guardar los principios y el orden.

La Asamblea y la poca gobernabilidad que le da al Ejecutivo es una constante. ¿Por qué?

Es una constante, muy recurrente, hemos tenido gobiernos con ejecutivos débiles porque han tenido que confrontar con un Legislativo opositor. La democracia ecuatoriana renació en 1979 con una mayoría opositora, lideraba por Assad Bucaram, presidente de la Cámara de Representantes.

Febres Cordero también tuvo muchas dificultades con la Legislatura, logró tener una mayoría híbrida, peleó con el primer poder del Estado, que lo acosaba con base a denuncias de distinta naturaleza.

Borja tuvo dos años de comodidad porque consiguió una mayoría con la Democracia Popular. Pero la segunda parte de su período tuvo una mayoría opositora: los socialcristianos, los roldosistas, los partidos de la izquierda. Hasta que llegó Correa, él tuvo un Asamblea dócil, pero sin fiscalización ni control político que es una de las tareas fundamentales del Legislativo. Eso  se perdió y no se recuperó con el presidente Moreno, que alentó la independencia de poderes.

Esta Asamblea estuvo de alguna manera contaminada por la anterior, es decir, continuó la inercia, la incapacidad de ejercer esa función básica.

Antes la fiscalización del Congreso tenía mucho protagonismo en la vida nacional, pero no ocurrió eso en los años del correísmo.

¿Las consultas se hicieron para medir la popularidad de un régimen?

García Moreno hizo la primera consulta popular en 1869 para legitimar la Carta Negra. En la historia más reciente hay plebiscitos sobre la aceptación o rechazo de los gobiernos de turno.

La consulta de 2011, en la presidencia de Correa, estuvo sujeta a manipulaciones porque él controlaba la Consejo Nacional Electoral y no había garantías ni independencia con el conteo de votos.

La consulta popular es para apuntar a reformas a la Constitución. Es un recurso, que se ha utilizado en algunas circunstancias para la gobernabilidad. Por ejemplo, una consulta destrozó a Febres Cordero en 1986, que se hizo con la renovación parcial de la Legislatura y los organismos seccionales, pero le salió el tiro por la culata. Metió el tema de los independientes y pensó que tendría una mayoría contundente, pero le fue mal. La consulta se convierte en un plebiscito de aprobación o de rechazo a un gobierno.

Lo mismo pasó con Durán Ballén, a finales de 1995, un año fatal por la guerra del Cenepa, la recaudación de dinero para comprar armamento, la destitución de Dahik, la crisis energética. El expresidente hizo la consulta y terminó muy mal parado.

No me opongo a la consulta popular, puede estar justificada. Pero siempre hay el juego político del oportunismo, de posicionar y darle mayor fortaleza a los gobiernos de turnos que están debilitados por distintas circunstancias.

Otro tema penoso y grave que aparece en la historia del país es la corrupción. Por ejemplo, en los gobiernos de Bucaram y de Correa.

Hubo problemas de corrupción en los gobiernos de Febres Cordero, Hurtado, Durán Ballén, pero nunca fue en una forma institucional como en el correísmo. El gobierno de Bucaram fue demasiado corto, duró seis meses, hubo corrupción. Es un problema que se ha agravado por la década robada, como lo llamamos muchos, no hubo una corrección de fondo durante el Gobierno actual.

Le dieron muchos espacios de poder a los propios correístas que no eran leales, su bloque parlamentario quedó dividido y no hubo habilidad política.

Con Rafael Correa hubo corrupción institucionalizada, fue un caso único y el país no ha terminado de salir de ese agujero negro.

Ecuador ha vivido de ajuste a ajuste económico. ¿Por qué se repite esto?

Los presupuestos del Estado se inflan en la etapa de bonanza petrolera. Se reduce el precio del petróleo y el país tiene que acudir a deuda pública interna y externa para tratar de mantener el ritmo del gasto.

En todos los gobiernos, sin excepción, cuando el petróleo está alto se gasta más, cuando baja es necesario hacer algo para seguir gastando.

Cuando había el sucre se imprimía dinero y eso disparaba la inflación. Durante esa época tuvimos picos de 63%, en los 90 llegamos a niveles casi de tres dígitos cuando se produjo la dolarización. Se suponía que sería una camisa de fuerza para la disciplina fiscal, pero el correísmo siempre de dio maneras para tratar la incapacidad de emisión, a través de distintos mecanismos como utilizar la reserva monetaria internacional del Banco Central para fingir el gasto. Pero, en realidad, se gastaba dinero de terceros y generaba desequilibrios.

No ha habido cultura de disciplina fiscal, ahora tenemos el juego demagógico del fondo universal y financiero con dinero electrónico. Eso lo quiere Andrés Arauz, candidato del correísmo, y Yaku Pérez, postulante de Pachakutik.

La inmadurez política de los ecuatorianos se evidencia en su libro.   

Eso responde al bajo nivel educativo, es necesario hacer un esfuerzo para educar al soberano como decía Domingo Faustino Sarmiento en su libro: “Civilización o Barbarie”.

La clave está en la educación de la gente para avanzar a un modelo de democracia. Pero ¿qué se puede esperar de un país lee poco?

Hay que apuntar hacia una sociedad más educada que la actual. Pero reconozco que la educación gratuita, especialmente, en la universidad ayudó a que la clase media se consolide. Eso debe servir para la democratización del país y es un factor para la estabilidad política

 

 

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