Jóvenes no sienten total inclusión en los procesos electorales

02 de septiembre 03:00

La esencia de toda democracia es la representatividad. Los candidatos a una elección popular deben provenir de los distintos sectores que componen la sociedad, como por ejemplo, los jóvenes. Este grupo pide cada vez más espacio y oportunidades para iniciar una carrera política. Sin embargo, los recientes escándalos de corrupción han hecho que parte de la juventud se sienta indiferente, decepcionada y reacia a la esfera pública.

Para las elecciones presidenciales de 2021, solo uno de los 15 precandidatos confirmados hasta este 2 de septiembre es menor a 40 años. En los comicios para asambleístas la situación cambia gracias a que el Código de la Democracia obliga la inscripción de un porcentaje mínimo de jóvenes en las listas. Según el artículo 3, todas las agrupaciones políticas deberán presentar al menos el 25% de jóvenes en una elección pluripersonal.

De esta manera se da cabida a la participación de los denominados 'millenials' en una democracia que para algunos aún está lejos de ser completamente inclusiva. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo señalan que de los 17,5 millones de ecuatorianos, cinco millones oscilan entre los 18 y 35 años.

“La democracia representativa no es tan representativa. Solo veo gente mayor que busca ostentar el poder y obtener un lucro por haberse postulado”, comenta Esteban Domínguez, abogado de 27 años.

Una opinión similar expresa José Ignacio Carcelén, también de 27 años, quien considera hay una manipulación de los partidos políticos por cumplir con la cuota que exige el Consejo Nacional Electoral y atraer nuevos electores, pero sin trabajar en proyectos a largo plazo ni entregar autonomía a los nuevos cuadros. “Los que toman las decisiones son los mismos políticos de hace 25 años”, agrega.

En la papeleta del 7 de febrero de 2021 estarán nombres con recorrido electoral como Guillermo Lasso, Lucio Gutiérrez o Gustavo Larrea. “No creo que la política es inclusiva porque si fuera así existirían más candidatos jóvenes, la mayoría tiene 60 años. Además se vota bajo una lógica de popularidad, del más conocido”, acota Katherine Silva, de 22 años. Esto hace que, según la estudiante universitaria, se limite la inserción de personajes nuevos y sin trayectoria amplia en los procesos electorales.

Un precandidato presidencial de 35 años

Andrés Arauz, con 35 años, es el precandidato de menor edad para los comicios presidenciales de 2021. Al margen de su filiación política, el nominado por Centro Democrático ha generado diversos comentarios por las dudas de que esté realmente preparado para un cargo de tal relevancia como la primera magistratura del país.

Entre los jóvenes consultados por este medio, la respuesta sobre lo que buscan en un candidato a la Presidencia es experiencia suficiente para asumir una función de esa magnitud. Por más que se reflejen o identifiquen en una persona de su mismo rango etario, al momento de sufragar primará el perfil con una notable trayectoria en administración pública o privada y que sepa consolidar un plan de gobierno consistente.

Para Cárcelen, graduado en relaciones internacionales por la UIDE, la edad es relativa porque si a los 35 años ya se ha participado en procesos electorales o desempeñado cargos público, ese bagaje hace diferencia de quien se postula por primera vez solo por su juventud.

Un joven que empieza desde cero

A diferencia de ciudadanos cuyo primer intento en la política es en búsqueda de dignidades de primera línea, como la Presidencia, otros se decantan por una carrera desde la base. Jhossueth Almeida, abogado de 23 años, trabaja desde hace dos como asesor en la Asamblea Nacional y en estas elecciones será candidato a asambleísta alterno por el movimiento CREO, en la circunscripción 3 de Pichincha.

“Lo que me motivó (a participar) es cambiar esa idea de que el Ecuador no tiene salida. Yo desde que estaba en la escuela pensaba que sí hay la posibilidad de entrar en la política y hacer bien las cosas”, sentencia. El novel candidato considera que se necesita la participación activa de personas honestas y preparadas para evitar que el país sea manejado por malos gobernantes.

Pese a su corta edad, el joven precandidato legislativo siente que tiene la capacidad y los conocimientos teóricos y profesionales para desempeñar una correcta labor en el parlamento. “Al seleccionar los cuadros para las candidaturas la juventud no es el fin en sí mismo, sino la gente preparada. Ese debe ser el primer requisito”, añade.

Su colega Esteban Domínguez lo conoce desde el colegio. Para él es destacable que otros jóvenes se inmiscuyan en procesos electorales, sobre todo quienes han demostrado cualidades políticas en su etapa estudiantil. “Espero que tomen lo bueno y aprendan a no cometer los errores de los mayores”, aconseja. (I)