El impacto del covid-19 en la Asamblea Nacional

29 de diciembre de 2020 23:00

La pandemia del COVID-19 trajo cambios súbitos en la vida de las personas. De repente lo cotidiano dejó de serlo, las restricciones impuestas pusieron un alto al quehacer diario y, con la rapidez que solo la necesidad impone, los ciudadanos rápidamente se adaptaron a las nuevas formas de interacción social. Resguardados en sus hogares, ocupaban largas horas de su día en videoconferencias, clases en línea, atendiendo chats, o realizando actividades recreativas. En el vocabulario popular, empezaron a resonar términos como “teletrabajo” o “telemedicina” y así, nacía lo que algunos han denominado -la nueva normalidad-.

Al igual que en las personas, el virus produjo enormes desafíos a las entidades públicas y privadas. Para el caso de la Asamblea Nacional del Ecuador, por ejemplo, era imperativo garantizar la continuidad de sus funciones de legislar y fiscalizar, en un momento que ameritaba respuestas y acciones urgentes.  Bajo aquel escenario, el Congreso Ecuatoriano, en una suerte de “innovación adaptativa”, a finales de marzo, puso en marcha un reglamento que permitió instaurar las sesiones virtuales de pleno, así como también el teletrabajo.

Puesta en escena la legislación virtual, la asamblea nacional se vería presionada por una serie de indicadores económicos negativos que, reflejaban la grave situación económica del país. Por ejemplo, la tasa de desempleo a mediados de 2020 creció en un 10% en un periodo de tan solo seis meses, de igual forma, más de 1.8 millones de ecuatorianos pasarían a una situación de pobreza extrema. Por otro lado, los ingresos de las familias se vieron afectados por una reducción salarial, a la par que el sector productivo enfrentaba también la crisis. Por su parte, el ejecutivo exacerbaba la tensión del ambiente, con maestros, médicos y, en general un sector público impago de sus remuneraciones.

Sumado a la economía en declive, el Ecuador sufría una depresión colectiva, a diario, cientos de ecuatorianos perdían la batalla contra el virus, dejando en desconcierto a familias enteras que ahora, no solo buscaban trabajo y seguridad, sino también resignación. Con un gobierno ausente, tanto por su falta de liderazgo, como por su poca o nula capacidad de respuesta, el pueblo volcó su justificada frustración hacia la asamblea nacional, institución que, de antemano ya sufría una crisis de credibilidad. Reacción social que no era para menos, casos de corrupción que involucraban a legisladores ocupaban los titulares de los medios de comunicación, factores que finalmente abonaron al desgaste natural de la asamblea.

Algunos integrantes del órgano legislativo por su parte, condenaban la actitud bochornosa de ciertos asambleístas, a la vez que, mediante leyes se buscaba dar respuestas al país. Si bien los problemas del Ecuador son estructurales, no es menos cierto que en situaciones de calamidad, toda acción es mejor que ninguna. Bajo ciertos parámetros, la asamblea introdujo reformas en el tema laboral como el teletrabajo, a su vez se buscó mejorar las condiciones para nuevos emprendimientos, sumado a la posibilidad de negociación para el caso de los arriendos. Así mismo, se abordaron aspectos de la seguridad social, crediticios, pensiones educativas y cobertura de salud pública. No obstante, las reacciones del pueblo fueron diversas y hasta comprensibles.

La tragedia vivida por los ecuatorianos no fue ajena a la población legislativa, durante meses se sufrieron algunas pérdidas humanas irreparables que, estremecieron a la institución por el impacto emocional que hasta hace poco lo hemos vivido. Hoy, en medio de un ambiente de tribulación, destacan el alto grado de solidaridad, hermandad y compañerismo en todos quienes integramos el primer poder del Estado.

 

Desde el punto de vista del legislador, la urgencia de la pandemia ameritó también un ensayo de asistencia humanitaria, porque el hambre no espera, desde nuestras posibilidades, se entregaron insumos de todo tipo a los sectores de la población que más lo requerían. Con el tiempo aprendimos a convivir todos, mientras algunos pedían alimentos, otros pedían fumigaciones, otros pedían empleo y otros libertad. Al final, no habíamos acostumbrado a vivir en un campo de solidaridad y hermandad, tomando en consideración que pase a los esfuerzos realizados, ayudar a todos era tarea compleja.

En su conjunto la asamblea nacional ha tenido un rol importante a la hora de ejercer control político sobre las decisiones del ejecutivo en medio de la pandemia, así como también, a la hora de dar respuestas en forma de legislación. De esto cabe destacar que, la producción legislativa no se paralizó, prueba de ellos son las leyes aprobadas y los juicios políticos que se ventilaron. De esta modalidad, también se han extraído grandes lecciones sobre la importancia del acceso a las telecomunicaciones para la sociedad, a la vez que se han evidenciado las grandes brechas tecnológicas que existen hoy en día y que sin duda serán una semilla de desigualdades en caso de no corregirlas.

En conclusión, el trabajo legislativo enfrentó importantes desafíos en los sectores educativo, laboral, productivo, sanidad y más. De igual forma, al ser esta una actividad eminentemente política, la misma está expuesta al escarnio público, de ahí que los legisladores, con un alto espíritu democrático debemos aceptar todo tipo de critica que es nacida de un derecho legítimo del pueblo ecuatoriano.

Las más leídas