Selección de boxeo se alista para los Odesur

- 21 de mayo de 2018 - 00:00
Los escogidos ensayan en el legendario gimnasio de La Tola desde el 14 de este mes, luego de cumplir un concentrado en Caracas. Cristina Isabel Porozo Mina (verde), de 29 años de edad, apunta a la grada uno del podio.
Foto: John Guevara / et

Los 2.850 metros de la capital les sirven de adaptación para los 2.558 metros de Cochabamba (Bolivia). La “Tricolor” se compone de nueve varones y tres mujeres.

“¡La defensa, el tronco, brazos, piernas, los bloqueos!” grita el cubano Pedro Pablo Salgado, entrenador de la Selección Ecuatoriana de Boxeo que subirá al ring de los Juegos Sudamericanos “Cochabamba 2018”.

Los 12 seleccionados se diseminan en el gimnasio La Tola de Quito, sitio en el que el equipo cumple un concentrado de altura; el propósito es adaptarse a los 2.558 metros sobre el nivel del mar de Cochabamba (Bolivia) y librar los combates sin ningún inconveniente.

“¡Sih, sih, sih!”... el siseo de los púgiles mientras hacen sombra y los golpes a los cuchimbolos o a las manoplas, suena interminable. La labor es ardua, deben llegar en plenitud de condiciones.

En el contorno, sentados unos, de pie otros, varios personajes observan la práctica. José Nobrega, agente de Carlos Mina; Jorge Mena, presidente de la Asociación de Boxeo de Pichincha y un grupo de boxeadores de Cayambe, analizan la labor de los exponentes.

La lista masculina la conforman Carlos Quipo de Napo, en la categoría de 49 kilos; Roberto Cuesta de Guayas, en los 52 kilos; Jean Carlos Caicedo de Pichincha, en los 56 kilos; David Padilla de Pichincha, en los 60 kilos.

Miguel Ferrín de Napo, en los 64 kilos; José Rodríguez de Guayas, en los 69 kilos; Bryan Angulo de Azuay, en la serie 75 kilos; Carlos Mina de Pichincha, en los 81 kilos y Julio Castillo de Napo, en los 91 kilos.

Julio Castillo, de la división 91 kilos, se considera un púgil estudioso, que aguarda el momento preciso para atacar. Su puño izquierdo es letal. Foto: John Guevara / et

En la nómina femenina constan Cristina Porozo, de la división 51 kilos, oriunda de Santo Domingo de los Tsáchilas; María Palacios, de los 60 kilos, proveniente de Carchi. Y Érika Pachito, de los 75 kilos, federada por Pichincha.

Con presencias en los Juegos Olímpicos de 2012 y 2016, Julio Castillo (30 años) es uno de los más experimentados, su zurda luce contundente al impactar contra la manopla que sostiene Salgado. “Este Castillo no se derrumba”, dice... en Bolivia espera tomarse la revancha del colombiano Deivis Julio Blanco, quien lo derrotó en la final de los Juegos Bolivarianos ‘Santa Marta 2017’.

“Todos vieron que le gané, pero como era el deportista local, los jueces le dieron el triunfo. Espero enfrentarlo en Cochabamba y en terreno neutral ver de qué cuero salen más correas”, precisa.

Cristina Porozo (29 años), que en los Bolivarianos se adjudicó el bronce, siente estar en capacidad de subir dos peldaños más en el podio y quedarse con el metal áureo.

Sus máximas motivaciones respiran, se trata de sus hijos: Leila Yamilé (seis años) y Dominic Andrew (cuatro años), quienes suelen acompañarla a las contiendas nacionales.

Si se ríe sola, como loquita, es que algún recuerdo de ellos le asalta el pensamiento. Relata que hace dos años, en la Copa del Pacífico de Guayaquil tuvo a la niña en su esquina. Leila Yamilé casi hace un berrinche porque no le permitían darle indicaciones a su madre.

“Le pedí de favor a mi técnico que le deje a Leila darme algunas instrucciones. Entonces ella alzó la voz y me dijo: Mami, para la cabeza, sube las manos, pégale tú primero... y muévete ¡Por qué te dejas pegar!. Los 60 asistentes que estaban allí pusieron cara de ¡Wow! y lo mejor: gané la pelea”, revela.

Cristina está con el ánimo por los cielos, al frente tendrá a oponentes como la colombiana Ingrid Valencia, presea de bronce en las olimpiadas de 2016, pero siente que su capacidad está a punto de darle los mejores frutos. (I)

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