500 ciclistas son parte de esta onceava versión

Los competidores cuidan detalles del Escape al volcán Cotopaxi

- 15 de noviembre de 2015 - 00:00
500 competidores estuvieron ayer en la línea de partida de la onceava edición de la vuelta que en esta ocasión se denominó ‘Escape al volcán Cotopaxi’. Fotos: Fernando Sandoval/El Telégrafo

500 ciclistas son parte de esta onceava versión

Agua, frutas y energizantes en todo tipo de presentación, desde geles hasta barras, fueron los primeros en ingresar a las mochilas de los 500 ciclistas en la vuelta denominada ‘Escape al Cotopaxi’, que ayer partió desde Sigsipamba hasta Coniburo, en la provincia de Pichincha.

Tampoco faltó -por exigencia de la organización- una chompa y una cobija térmica que cada competidor debió llevar, ya que se esperaba afrontar temperaturas mínimas extremas en ciertos tramos de la competencia cuyo terreno más elevado estuvo en los 3.800 metros sobre el nivel del mar.

Desde muy temprano, decenas de competidores se dieron cita al punto de partida. Un intenso sol los acompañó desde la llegada a la planada de Sigsipamba, una hacienda de verde prado a donde todo tipo de vehículos llegó para desembarcar las bicicletas, colocarse el equipo necesario y alistar las provisiones.

Esta es la tradicional Vuelta al Cotopaxi, que este año cumple su onceava edición; y mudó de nombre y de lugar debido a la reactivación del volcán que obligó al Gobierno a declarar la alerta amarilla.

Los competidores, tras despojarse de chompas, abrigos y calentadores, comenzaron a lucir los jerseys de distintos colores y ajustaron sus cordones y cascos para un breve entrenamiento previo en el césped en el que las gotas de agua resplandecían a modo de arco iris, gracias a la intensa luz solar.

DATOS

En esta oportunidad se recorrerán 75 kilómetros entre los 2 días; 35 se cumplieron ayer y hoy al finalizar la prueba deben recorrerse los 40 km restantes.

Para atender cualquier emergencia que puedan registrar los participantes, antes de la largada, los organizadores entregaron un número celular para que puedan llamar y pedir atención de emergencia.

La organización es la encargada de brindar la alimentación en el campamento, cuando los competidores hayan terminado la primera etapa del recorrido en Coniburo, donde los deportistas tienen sus carpas.
Roberto Espinosa, de 30 años, quien es asiduo participante de este tipo de eventos, se mostró sereno para iniciar la prueba. Él, como varios de los participantes, solo llegó con el firme propósito de divertirse y culminar con éxito el extenso trayecto de la prueba que entre los 2 días suma 75 kilómetros.

“Vuelvo a tener la ocasión de participar y realmente solo quiero disfrutar, sin pensar en qué tiempo lograré, porque este tipo de pruebas te permite pasar buenos ratos con los compañeros, bromear, pero sobre todo admirar los hermosos paisajes que existen en nuestro país”, comentó Espinosa.

Los ajustes de último minuto en las llantas y varias vueltas sobre el gramado para probar las condiciones de ese tramo y de la bicicleta fueron parte de las actividades que cumplieron los participantes  previamente a la partida.

Otros, en cambio, estuvieron preocupados de que su minicámara esté bien ajustada a sus cascos para filmar el trayecto y todas las incidencias que se presenten.

No faltaron las fotografías de último momento con los familiares y amigos que acudieron a despedirlos, así como las bromas entre las parejas para distenderse.

Por los altoparlantes, cada instante se recordaba que el ingreso a los corrales debía ser ordenado y de acuerdo a la categoría. Minutos antes de la salida, la organización recordó lo complicado que sería el recorrido, cuyo diseño evitó al máximo el paso por caminos carrozables y con la mayoría de tramos por chaquiñanes y senderos de páramo.

El mejor rutero también prueba en los chaquiñanes

De entre la diversidad de bicicletas, cascos y jerseys fue posible distinguir una menuda figura que se la distingue por los logotipos de una empresa telefónica y que se ha convertido en el mejor representante del ciclismo de ruta ecuatoriano.

Se trata de Byron Guamá, el ganador 4 veces consecutivas de la Vuelta al Ecuador, que será el representante patrio en esta modalidad en los Juegos Olímpicos de Brasil.

Quizás por ello se coincide su ingreso a la partida mientras suena en los parlantes la melodía que hizo famosa la película Rocky.

Esta es su segunda participación en la Vuelta al Cotopaxi, el año anterior llegó en cuarta posición y esta vez quiere estar en los tres primeros, aunque sabe que tendrá a rivales experimentados.

Este año, tras la suspensión de la Vuelta ciclística al Ecuador, y para no quedarse con ganas de exhibir sus condiciones en su país, intervino en pruebas por chaquiñanes. En todas logró el podio.

A diferencia de las pruebas ruteras, donde su logística le asiste en la parte  mecánica, en esta modalidad por chaquiñanes, como todos, tendrá que arreglar los inconvenientes de su bicicleta solo o quizás, en el mejor de los casos, junto a su compañero de equipo, Henry Velasco.

“Esta prueba es parte de nuestra pretemporada y exige de nosotros algo distinto a lo que estamos acostumbrados. Tenemos que caminar varios senderos y cargar la bicicleta, que es algo que no hacemos en la ruta”, dijo Guamá. (I)

Diseño de la ruta da visibilidad de nuevos paisajes

Cada año y solo pocos días antes de la prueba, la organización de la competencia revela a los participantes las rutas establecidas que siempre tienen en común 2 aspectos: poco o casi nada transitables por vehículos y la visibilidad de la riqueza de paisajes que se tienen en los lugares por donde pasa la vuelta.

Para esta ocasión se exigió a los participantes una cobija y chompa térmica indivual. Además, cada equipo debe tener un celular y una linterna.

Según los cálculos de los promotores de la carrera, el tiempo promedio que requerirían los ciclistas para cubrir cada una de las 2 etapas oscila entre 4 y 5 horas. Ayer recorrerieron los primeros 35 kilómetros enlazando Sigsipamba, Sierra Morena, San Lorenzo, Pitaná, Hospitalillo, Coturco y Coniburo.

Hoy comenzará la segunda y última etapa  desde las 08:30. La partida de los ciclistas será en Coniburo para luego dirigirse a Coturco, Achupallas, San José, Yaruquí y finalizar en Sigsipamba con lo que se completan los 40 kilómetros finales.

En la prueba existen 5 categorías: abierta hombres, abierta mixtos, abierta mujeres, máster y supermáster.

De acuerdo a las reglas de la prueba, los equipos integrados por dos participantes deben ir juntos por los senderos y caminos establecidos. Además, se estableció que existirá un tiempo límite para completar la etapa cada día y por razones de seguridad no se permitirá continuar a los equipos que no lleguen a tiempo a las ‘puertas cerradas’ determinadas para cada etapa.

Según el organizador, Daniel Espinosa, el objetivo de la carrera es generar un espacio donde ciclistas compartan, trabajen en equipo y disfruten de una competencia exigente, pero que al mismo tiempo les permita conocer, disfrutar, valorar y aprender a respetar los espacios naturales y las condiciones en la montaña.

“La belleza del paisaje está asegurada, así como la exigencia de la competencia, pues, además de la distancia y la altitud, es posible que las condiciones se endurezcan debido al clima; las temperaturas pueden llegar a ser muy frías, acompañadas de vientos, lluvia y granizo”, advirtió el promotor.

Cada pareja entregó el último viernes a la organización todos los implementos que servieron para que puedan pernoctar ayer en el campamento establecido. Entre las prohibiciones estuvo llevar cocinetas, ya que en el campamento recibirían alimentación por parte de los impulsores de la prueba, pero cada competidor debió llevar sus utensillos personales para poder servirse los alimentos.

Además, para ingresar ayer al punto de partida se les revisó a los ciclistas que tengan los implementos para asegurar que no haya problemas con el frío. (I)

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