El Larkya es una experiencia de aventura y riesgos

- 20 de abril de 2018 - 00:00
Nicolás Navarrete (i), Roberto Morales y Esteban el “Topo” Mena.
Fotos: cortesía de Esteban Mena

Esteban Mena, Roberto Morales y Nicolás Navarrete estuvieron del 3 al 28 de octubre de 2017 en Nepal; abrir una ruta nueva en este pico casi les cuesta la vida.

Decir “somos los primeros latinoamericanos que abrimos una ruta nueva en el pico Larkya”, resultó una aventura en la que Esteban Mena, Nicolás Navarrete y Roberto Morales se vieron forzados a cruzar en puntillas la delgada línea que separa a la supervivencia de la muerte.   

Vivieron para contarlo. Y lo hacen. A finales de octubre de 2017 los tres escaladores se convirtieron en la segunda expedición que coronó esta montaña de la cordillera del Himalaya, en Nepal y, de paso, abrió una ruta nueva.

Su logro les demandó subir los 800 metros de la pared este del Larkya norte, un lugar inexplorado hasta ese entonces. 

Tan inexplorado, que durante las labores de reconocimiento estuvieron a un tris de ser aplastados por una avalancha; como en las películas de suspenso, el desplome de nieve se escuchó a sus espaldas, rozándoles los talones.   

“Si quedábamos sepultados, rescatar nuestros cuerpos habría sido una misión casi imposible; si bien Carla Pérez (montañista) y el padre de Roberto nos monitoreaban desde Ecuador, al ser una elevación casi desconocida, era algo poco probable”, resalta Esteban el “Topo” Mena, de 28 años. 

Otras escenas de esta travesía palpitan en la mente de Roberto Morales, bogotano-quiteño de 28 años, quien nunca olvidará la dificultad del muro, de roca sólida en los 400 metros iniciales, pero débil en lo restante. Flojos, grandes trozos de piedra amenazaban con caer sobre ellos.

“Esa pared es bastante vertical,  extraplomada (con la pendiente sobre los 90 grados de inclinación). Nos topamos con bloques sueltos... ¡fue  tenebroso! Trepar nos tomó más tiempo que la primera mitad, tuvimos que pasar la noche sentados en una pequeña repisa de nieve. Al día siguiente terminamos el ascenso, fue gratificante pisar la cumbre a 6.249 metros”, describió Morales.

Pero también compartieron momentos de humor; Nicolás Navarrete, capitalino de 30 años, relató que cierto amanecer, al volver al campamento que instalaron a 5.800 metros, un lobo, zorro o quién sabe qué, los dejó sin desayuno. “Había roto la carpa y se comió nuestros alimentos. ¡Curioso que un animal esté moviéndose por allí a semejante altitud!”. 

Lo único que lamentan es que dos semanas antes un grupo de montañistas de Georgia coronó por primera vez la cima de este macizo, objetivo que los “tricolores” tenían trazado. (I)   

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